Hagbard Celine has done some translation of MCTB2 into Spanish.


In the Book section is the first attempt by A. C. Lopez to translate MCTB1 into Spanish. It was not completed, but Oscar Franco is giving it a shot at filling in the gaps as time allows, and his work will appear here as it is available. Many thanks to everyone who helps to translate these things for their generous donation of their time and work. As with most of the languages this is translated into, my Spanish is only intermediate and not good enough to critique his translation, so I will simply trust that his work is some reasonable reflection of the original.

6. Los Siete Factores de la Iluminación

 

Los Siete Factores de la Iluminación son atención consciente, investigación de la verdad, energía, arrobamiento, tranquilidad, concentración y ecuanimidad. De modo que tenemos tres conceptos que ya había entre las Cinco Facultades Espirituales y cuatro que parecen nuevos pero que ya hemos considerado en cierta medida. El orden en que los encontramos aquí tiene una relación estrecha con las etapas de algo que se denomina “Evolución de la Visión Cabal”, que es como un mapa de las etapas estándar por las que pasan durante un ciclo los meditadores diligentes que practican la visión clara. Esa relación es un tema muy avanzado y lo exploraremos más adelante.

Los Siete Factores de la Iluminación se pueden considerar como una pirámide, que tiene como base a la atención consciente y en la que cada uno de los factores sostiene y ayuda a crear a los demás. Sin embargo, cada factor es, asimismo, importante en cada etapa. Así que estudiaremos cada uno de ellos y veremos lo que pueden revelarnos. 

 

Atención Consciente

Ya antes hablamos de la atención consciente pero, en términos de la práctica, he de decir que la atención consciente de verdad puede ser muy útil para determinar lo que es la mente y lo que es el cuerpo, como mencionamos en la sección que habla acerca de la impermanencia, en el tema de las Tres Características. Quizá quieras leer de nuevo esa parte, pues en verdad es relevante para la aplicación práctica de los dos primeros factores de la iluminación. Ante todo, necesitamos conocer las sensaciones básicas que componen nuestro mundo. Ése es el fundamento crucial de las prácticas de visión cabal. No debería sorprendernos que la primera percepción profunda que nos lleva a las demás sea la llamada “Conocimiento de la Mente y el Cuerpo”, que surge cuando aprendemos a distinguir con claridad entre los dos cada vez que ocurren.

Con la atención consciente discernimos lo que es físico, lo que es visual, lo que es mental, lo que es agradable, lo que es desagradable, lo que es neutral y todo eso. Podemos saber lo que es una sensación mental y lo que es un sentimiento físico relacionado. Podemos saber qué sensaciones específicas componen nuestras emociones. Podemos conocer cada cosa y la impresión mental de ella que vendrá después de ella. Podemos conocer las intenciones que anteceden a las acciones y los pensamientos. Podemos saber en dónde se encuentran las sensaciones con respecto a las demás sensaciones. Podemos saber el momento exacto en el que ocurren y la manera en que cambian durante su breve estancia. Podemos y debemos notarlas lo mejor que nos sea posible. Sé paciente y preciso. Vuélvete fluido en las sensaciones que componen tu realidad.

He procurado no tomar partido a favor de alguna tradición o técnica específica de visión cabal. Sin embargo, hay un ejercicio que podría ayudarte cuando intentes hacer esa práctica. Normalmente la llaman “Notar” y tiene su origen en el Canon Pali, en el Sutta 111, “Uno por uno a medida que surgen”, en Los Discursos de Extensión Media del Buda (una lectura que vale mucho la pena). Es de uso básico en la tradición de visión clara de Mahasi Sayadaw, de Burma, aunque también se encuentran muchos ejercicios relacionados en diversas tradiciones del zen, sobre todo en el zen Soto y el chan coreano y quizás, incluso, en algunas tradiciones hinayana del Tíbet.

“Notar” ha sido la práctica que más logros y visiones profundas me aportó en mis inicios, en especial cuando la hacía en retiros. Es comprensible que sienta un gran entusiasmo hacia ella. Todavía la considero como la base de mi práctica. Es la técnica a la que recurro cuando las cosas se ponen difíciles o cuando de veras quiero ir más hondo en un nuevo terreno de visión profunda. Así que, de todas las técnicas y énfasis que menciono en este libro, toma a ésta con la mayor seriedad y dale la máxima atención. Su sencillez disfraza su sorprendente poder.

La práctica es ésta: advierte con una sola palabra, mentalmente y en silencio, cualquier cosa que experimentes en cada momento. Trata de permanecer con las sensaciones de la respiración, notándola rápidamente como “surgiendo” (tantas veces como sientas que surge la respiración) y luego “declinando” (de la misma manera). Podríamos considerar a éstas también como instrucciones fundamentales para la práctica de la visión clara. Cuando la mente vaga, las observaciones podrían incluir: “pensamiento”, “sentimiento”, “presión”, “tensión”, “distracción”, “anticipación”, “mirar”, “escuchar”, “frío”, “calor”, “dolor”, “placer”, etc. Nota esas sensaciones una por una, a medida que ocurren y regresa a las sensaciones de la respiración. 

Déjame darte algunos consejos valiosos para una buena práctica de notar. No te pongas demasiado neurótico con respecto a la palabra correcta para denominar lo que surge. El acto de notar debe ser lo más consistente y continuo que les sea posible. Quizá de una a cinco veces por segundo. Es muy importante mantener la velocidad y la capacidad de notar todo cuanto surge. Todo aquello que haga que te descarriles en tu práctica de notar merece que lo notes agresiva e intrépidamente la próxima vez que suceda. Observa con honestidad y precisión. En tanto que notes cualquier cosa que surja sabrás que estabas consciente de ello. Al notar cada sensación y las que le siguen verás su verdadera naturaleza. Al ver su verdadera naturaleza obtendrás percepciones muy profundas. 

Lo que sean las sensaciones no importa ni un poquito, desde el punto de vista de la práctica de notarlas. Lo importante es que sepas que lo son. La diferencia entre estas dos perspectivas debe entenderse claramente. Esta práctica se relaciona de manera directa con las prácticas que utilizan koanes, tales como “¿qué es esto?” y tiene también una relación más holgada con los ejercicios en los que uno cuenta la respiración del 1 al 10.

Uno de mis mejores maestros de meditación de visión clara, un monje de Singapur, permitía entrevistas cada dos días, cuando estuve en mi tercer retiro. Era un centro muy bello en Penang, Malasia, muy conducente para la práctica. Yo llegaba ante él y describía todo tipo de experiencias que me tenían muy emocionado. Él no hacía más que escuchar con calma todo cuanto yo decía y al final me preguntaba, “¿Lo notaste?” Eso era casi lo único que decía siempre. Me sorprendía lo fácil que era olvidarse de esa instrucción tan sencilla, como también me maravillaba lo tremendamente útil que resultaba cada vez que recordaba seguirla. Parecía que a él no le importaba nada más que el hecho de que yo me percatara de mi realidad tal como era, con mucha precisión y consistencia. Yo sabía muy poca teoría en aquellos días, pero durante esas dos semanas practiqué el notar con rapidez todo el día y conseguí avanzar más rápido que nunca en mi vida, recorriendo todo el camino hasta el mismísimo filo del primer despertar, en un mero retiro de 14 días. Desde entonces he sido un gran aficionado a este método particularmente directo y accesible. 

Hay muchas técnicas para despertar a la verdad de nuestra experiencia. Notar es sólo una de ellas. Para mí resultó ser extremadamente poderosa y veloz, pero cada persona deberá encontrar la que mejor le sirva. El truco está en llegar a conocer nuestra realidad tal como es. La técnica que usemos para eso no importa tanto, siempre y cuando funcione y dé resultados. Ya hablaremos con toda claridad de lo que quiero decir con “resultados” en El Progreso de la Visión Clara, en la Tercera Parte.

 

Investigación de la Verdad

Una vez que empezamos a saber lo que son nuestros objetos, lo que en verdad es nuestra realidad, podemos pasar ya a lo bueno: conocer la verdad de estas cosas, lo que propiamente se llama investigación de la verdad, también conocida como investigación del dharma. Dharma significa simplemente verdad. Así que una vez que la atención consciente ha aclarado un poco las cosas podemos saber que las cosas vienen y van, que no dan satisfacción y que no son nosotros. ¡Mira! ¡Otra vez las Tres Características! Ellas son la verdad. Mientras más pronto lo entendamos, mejor y nada nos ayudará más a entenderlas que verlas una y otra vez. Perdona esta breve digresión, pero no soy aficionado al término popularmente utilizado, “meditación de atención consciente”, puesto que la atención consciente es esencial para ambas: las prácticas de concentración (que llevan a estados temporales de dicha) y las prácticas de visión clara (que conducen a la libertad fundamental). La diferencia crucial entre estas prácticas de meditación es que las prácticas de visión clara también enfatizan la investigación de las Tres Características, mientras que las prácticas de concentración hacen énfasis en estabilizarse en la ilusión de solidez y continuidad, en tanto que ignoran el hecho de que las sensaciones que las constituyen son todas impermanentes y demás. Por eso, espero que algún día el mundo de la meditación moderna abandone ese término que se presta a confusión y prefiera usar un lenguaje más preciso.

Además de las categorías de sensaciones que mencionamos antes en Atención Consciente, podríamos considerar también la investigación consistente de todas las sensaciones que parecen tener algo que ver con la dirección y el movimiento de la atención, así como también la investigación de todas las sensaciones que tienen que ver con el cuestionamiento, el deseo, la aplicación de la energía y hasta con las sensaciones individuales que componen al proceso mismo de la investigación. Son objetos muy interesantes, igual que “los obstáculos”.

Tradicionalmente, los libros acerca de la meditación dedican mucho tiempo a tratar el tema de los posibles obstáculos de la meditación. No haré eso. Los obstáculos son un tema importante, pero es muy fácil que empiecen a parecer más ominosos de lo que son en realidad. Los obstáculos son simplemente todo aquello de lo que no estábamos conscientes y cuya verdad no hemos investigado. Ahora que sabemos estar conscientes e investigar las Tres Características de todas las experiencias que ocurren momento a momento sólo habrá obstáculos cuando nos olvidemos de hacer eso. 

Si no se nos olvida no habrá obstáculos. Ningún fenómeno es inherentemente un obstáculo a menos que no lo comprendamos. Si no hemos entendido por lo menos alguna de las Tres Características de cada una de las sensaciones que integran un fenómeno, no importa cuál, ya hay un obstáculo. Recuerda que el contenido de la realidad no es lo que nos concierne en la meditación de visión clara, sino la verdad esencial de las sensaciones que componen la realidad que experimentamos. ¡En todo aquello que parezca interponerse en el camino de tu práctica, recuerda que la experiencia de ese momento es la práctica y contiene en sí toda la verdad que puedas necesitar! Todos los fenómenos tienen la misma naturaleza de la verdad esencial. Cuando sabemos en lo más profundo que todos ellos son de la misma naturaleza que la verdad primordial, los fenómenos dejan de ser un problema fundamental. 

El Buda era un maestro en el arte de enseñar por medio de analogías que fueran fácilmente accesibles para quienes lo estaban escuchando. Desde luego, yo no juego en la misma categoría que él en ese aspecto y eso quedará claramente demostrado a través de la analogía que voy a usar para la investigación. Sin embargo, tiene lo suyo y por eso, no sin antes considerarlo mucho, la he incluido aquí. 

El Buda le ponía nombres a sus analogías y yo a la mía la he llamado la “Analogía de Dispararle a los Extraterrestres”. ¡Tenme paciencia! Todos o casi todos a estas alturas hemos jugado o al menos hemos visto esos juegos de video en los que hay que dispararle a los extraterrestres. Conforme se avanza en el juego los extraterrestres aparecen cada vez más rápido y a algunos hay que pegarles varias veces para matarlos. En algunos de esos juegos hay un castigo por gastar municiones de más, de modo que uno de veras aprende a enfocarse exactamente en el sitio y el momento en que aparece el alien, para poder atinarle con precisión y eficacia tan pronto como se asome, antes de que él nos dispare.

Habrá quien esté pensado, “¡Cómo pones esa analogía violenta y sanguinaria en un libro de sabiduría noble!” El Buda utilizó muchas analogías semejantes. Una de las que ahora recuerdo tiene que ver con un adiestrador de caballos (un maestro) que mataba a los caballos que nomás no se dejaban domar (dejaba de enseñar a los alumnos que no eran capaces de aprender). Así que todos ustedes, críticos maricones, ya pueden caerse muertos. 

En fin, en esta analogía los aliens son todas aquellas pequeñas sensaciones que constituyen nuestra experiencia. Dispararles es poner atención a ellas y ver su verdadera naturaleza, quizá con ayuda de la práctica de notar (como con una pistola que tiene una mira de laser). Que nos disparen los extraterrestres equivale a lo que sucede cuando no vemos su verdadera naturaleza, pues se convierten en un obstáculo y nos atan al ciclo del sufrimiento durante el tiempo que seamos incapaces de dispararles. Algunos de ellos, incluso, nos sacarán del juego (ocasionarán que dejemos de practicar totalmente). Los aliens que más disparos nos toma eliminar son nuestros problemas más grandes, ésos que nos cuesta tanto trabajo descomponer en las sensaciones que los constituyen. Que nos penalicen por desperdiciar municiones es lo que puede ocurrir si observamos sensaciones que en realidad no tenemos, por caer en hábitos etiquetadores repetitivos e imprecisos, como quien repite un mantra.

Por otra parte, la rapidez, la precisión y la actitud lúdica que se requiere para los juegos de video es exactamente como lo que sentimos cuando hacemos bien las prácticas de visión cabal. Si ves cómo juega un niño disparándole a toda velocidad a los extraterrestres notarás que se está entregando por completo. Está tirando muy rápido y definitivamente no está pensando en nada; sólo está haciendo eso. Ésa es exactamente la clase de dedicación y de pasión que puede ayudarnos a hacer las prácticas de visión clara. 

Cuando tenemos en el gatillo la atención consciente y la investigación y estamos conscientes hasta de la más pequeña sensación que surge y pasa, tarde o temprano hemos de ganar. El lema “nótalo primero y pregunta después” también es de gran utilidad si queremos seguir practicando con precisión, sin perdernos en historias. Repito, fuera del cojín las historias pueden tener cierto valor, si no nos las tomamos demasiado en serio. Estando sobre el cojín no tomes prisioneros. “Dispárales a todos y que Dios reconozca a los suyos”. Sonará un tanto extremo pero en realidad es un consejo muy poderoso y profundo. No rechaces con tanta facilidad la Analogía de Dispararle a los Extraterrestres.

En donde la Analogía de Dispararle a los Extraterrestres se quiebra es en que todo lo que desean esos aliens es atención y aceptación. Ellos vienen a nuestro encuentro y esperan que los recibamos con claridad y apertura, pero si no lo hacemos así pueden ponerse muy latosos. Sus corazoncitos extraterrestres se rompen si no los reconocemos por lo que son, de modo que, ¿quién puede culparlos si se tornan traviesos y nos ponen trampas para que, a cambio de causarnos problemas, les prestemos más atención? De acuerdo, su comportamiento es bastante infantil, pero no siempre nos vamos a topar con aliens maduros y bien adaptados.

Como sea, en lugar de matar a los aliens disparándoles lo que hemos de hacer entonces es darles lo que desean, notándolos, dándonos cuenta de que ahí están. No vamos a invitar a los bonitos a quedarse para siempre ni ignoraremos a los aliens aburridos. Tampoco echaremos a patadas a los feos. Como si fuéramos políticos en campaña, extenderemos nuestra mano hacia todos, los saludaremos y así iremos, a toda velocidad, con el que sigue. Cuando los vemos y los saludamos y los reconocemos y los aceptamos e incluso les damos nuestro amor, ellos se van muy felices. Sí, me doy cuenta de que he pasado de ser excesivamente violento a excesivamente sentimental, pero es en alguna parte dentro de todo ello donde se halla el meollo de las prácticas de visión cabal.  

Ya he mencionado varios posibles ejercicios, perspectivas y énfasis que pueden utilizarse cuando exploramos nuestra realidad con el propósito de despertar y seguiré mencionando otras más, conforme vayamos avanzando. Sin embargo, te recomiendo que la base de tu práctica sea la investigación de las Tres Características de las sensaciones que componen tu realidad. Si te parece demasiado complicado tratar de investigar las Tres Características al mismo tiempo, entonces te recomiendo hacer una investigación rápida y precisa de la impermanencia. Si lo encuentras demasiado difícil te diré que he descubierto que la simple práctica de notar con rapidez es más que suficientemente poderosa para lograr ver de manera clara y directa en lo más profundo de la verdadera naturaleza de las cosas. Si te parece que las numerosas instrucciones y vías de investigación que te presento son demasiado confusas, recuerda este párrafo y mantente dentro de estas prácticas, simples pero profundas. “¡Cuando tengas dudas, date cuenta!”

 

Energía

Así pues, investigamos de un modo diligente la verdad primordial de nuestra experiencia y eso en verdad puede ser muy vigorizante una vez que profundizamos en ello. De la misma forma que nos pueden resultar muy emocionantes los juegos de video, hay montones de sensaciones que nos llegan todo el tiempo y que claman comprensión. Cuando ascendemos a este nivel de desafío las cosas de veras pueden empezar a brincar. Cuando ya hemos discernido lo que es la mente y lo que es el cuerpo y empezamos a ver un poco de las Tres Características, esto en sí puede producir mucha energía, que es el tercero de los Siete Factores. Esto puede asustarnos al principio, hasta que nos acostumbremos a lo rápida y poderosa que puede ser la mente. Como dije cuando hablamos de las Cinco Facultades Espirituales, la energía es algo muy bueno, ya que es obvio que le da vigor a nuestra práctica. Casi siempre podemos traer un poco más de energía cuando la necesitamos y nos da gusto darnos cuenta de eso. Sin embargo, mantener una atención consciente e investigar de forma diligente también puede llevarnos a acumular energía, ¡con lo cual tenemos que hay más de una manera de reunirla! ¡Gracias, Siete Factores de la Iluminación!

 

Arrobamiento

Cuando se alinean la energía, la atención consciente y la investigación puede producirse lo que se denomina arrobamiento. Esta palabra tiene dos significados, por lo general. El primero se relaciona con una profunda alegría, placer y entusiasmo. Éstas son cualidades espirituales muy valiosas y si algunos de mis lectores tienen oscuras inclinaciones puritanas, presten atención a esto. Es mucho más fácil andar por el camino espiritual si nos entusiasma lo que hacemos. No debería sorprendernos esto pero de alguna manera es algo que solemos pasar por alto. En definitiva, no estoy sugiriendo que nos volvamos unos epicúreos hedonistas, pero si queremos andar por el sendero espiritual es muy bueno, para ti y para quienes tienen que estar cerca de ti, que sientas alegría, que te maravilles, que sonrías y que tengas sentido del humor. Por supuesto que habrá problemas y dificultades que nos darán muchas lecciones, pero estemos abiertos para la alegría y la felicidad que nos puede traer la vida.

Asimismo, la práctica spiritual puede producir todo tipo de experiencias extrañas, algunas muy intensas, insólitas y difíciles de comprender. Ésta es la otra connotación de la palabra arrobamiento, cuando nos referimos a esas experiencias como “trances”. Algunas de ellas en realidad podrían ser muy agradables, otras pueden ser simplemente raras y algunas podrán ser detestables. Las sensaciones físicas extrañas, dolores, placeres, movimientos, visiones, luces, percepciones, distorsiones, etc., que pueden o no surgir como resultado de la práctica espiritual son todas arrebatos. Repite, son sólo arrebatos. No te obsesiones con ellas ni te inventes historias, por mucho que te llamen la atención y tampoco pienses que son necesarias, pues no lo son. Las sensaciones que las constituyen viene, van, no son tú y no satisfacen. La mayoría de ellas sólo son productos secundarios de la meditación y de una fuerte concentración. Muchas de ellas no producen sabiduría alguna. Por supuesto que habrá algunas que aporten una visión profunda de la verdad de las cosas, pero no te enredes en ellas. Muchas de esas lecciones se presentan una vez y luego nunca más. 

Hay personas que toman tan en serio el sufrimiento y se fijan tanto en él que se pelean con los arrebatos agradables y hasta se aferran a los difíciles. ¡No hagas eso! La alegría y el placer que puede surgir en la meditación contiene aspectos maravillosamente sanadores y pueden conducir a una profunda tranquilidad, concentración y ecuanimidad; todo eso es muy bueno. Tampoco te apegues a los estados agradables, ya que sólo te vas a estancar y te sentirás frustrado cuando se acaben. Siempre se acaban. En general, si tratas de luchar contra los arrebatos o de aferrarte a ellos te vas a estancar y si puedes aceptarlos como son eso te beneficiará. Ve la parte acerca de la ecuanimidad, al final de esta lista y lee también el excelente capítulo 9 de Camino con Corazón, de Jack Kornfield.

Creo que éste es un buen momento para que mencione el concepto de vedana, que es una palabra en pali que se relaciona con el grado de placer, disgusto o neutralidad de una sensación. Si uno presta demasiada atención exclusiva a cierto tipo de sensaciones, ya sea las agradables, las desagradables o las neutras, mientras ignora a las demás sensaciones que tienen lugar al mismo tiempo es probable que se pierda de muchas oportunidades para tener una visión profunda. Obsesionarse con las sensaciones agradables puede ocasionar que uno se vuelva adicto a la dicha insulsa. Obsesionarse con las sensaciones desagradables puede ocasionar que uno se vuelva sombrío y deprimido. Obsesionarse con las sensaciones neutrales puede ocasionar que uno se vuelva aburrido y emocionalmente árido (gracias al apreciable Christopher Titmuss por la inspiración para este párrafo). Nuestra experiencia tiende a ser una complicada mezcla de muchos sabores de sensaciones. Todos ellos son muy dignos de investigarse.

El mensaje con el que debemos quedarnos es que tenemos que entender al arrobamiento y a los arrebatos como son y que tenemos que relacionarlos con aceptar sabiamente todas las sensaciones que los constituyen, ya sean agradables, desagradables o neutrales. Aprende cuando ponerle freno a tu práctica si los arrebatos difíciles te están dando una lección importante con demasiada velocidad y está costándote trabajo asimilarla a ese ritmo y aprende también a abrirte a la maravillosa alegría y la dicha que a veces produce la práctica espiritual. 

 

Tranquilidad

La alegría, la dicha y el arrobamiento pueden producir tranquilidad. Podemos asociar el ser pacíficos con la tranquilidad. Si nos enfocamos en la tranquilidad y en una perspectiva más espaciosa y silenciosa ante los arrebatos difíciles quizá podamos sortearlos. La simple práctica de sentarse en silencio y observar a la realidad hacer lo suyo puede ser muy poderosa. De hecho, hay escuelas de práctica totalmente dedicadas a esto. De modo que la tranquilidad es algo muy bueno en la meditación. Podemos pensar en grandes maestros espirituales que estaban tranquilos en su interior y ya sea que eso fuera cierto o no, hay razones por las que relacionamos a la tranquilidad con la espiritualidad. Una mente que no está tranquila tendrá problemas para concentrarse y equilibrarse. Así de simple. Ser bondadosos y tener una buena conducta puede ayudarnos a estar tranquilos, ya que se suavizan los ásperos patrones de pensamiento que hay en la mente. 

Esto no quiere decir que los momentos en que no haya tranquilidad no sean “espirituales” ni que debamos adoptar una especie de sobriedad contenida y artificial. Recuerda, todo tipo de sensaciones, estados mentales y acciones son fenómenos válidos para la investigación y son expresiones reales de lo que está ocurriendo. La verdadera tranquilidad viene de una profunda comprensión de todo esto, pero muchas veces este ideal se convierte en una especie de ejercicio de pasividad deshumanizador. La auténtica tranquilidad por lo regular se presenta de manera natural, aunque también se puede cultivar con destreza. Cultivar una ecuanimidad como la que mencionamos antes contribuye al cultivo de la tranquilidad, como también el ahondar en las prácticas de concentración pura, que es el segundo adiestramiento espiritual. La tranquilidad, la concentración y la ecuanimidad guardan una estrecha relación entre sí. 

 

Concentración

Ya dos veces antes vimos el tema de la concentración y volveremos a verlo con más detalle en la tercera parte. Uno de los retos de la tranquilidad profunda es mantener concentrada a la mente. Esto puede parece una contradicción directa a lo que acabo de decir, pero puede haber etapas en la práctica en las que haya tanta tranquilidad que la mente se embote y le resulte difícil concentrarse. De modo que, así como la tranquilidad es buena para la concentración y la aceptación, demasiada tranquilidad es similar a no tener suficiente energía. Recuerda: equilibrar y fortalecer, fortalecer y equilibrar. En la medida en que éstos son los Siete Factores de la Iluminación, tienen una aplicación directa en las prácticas de visión cabal para el adiestramiento en la sabiduría. Así que la concentración a la que nos referimos aquí es de un tipo muy diferente a la que utilizamos para alcanzar estados elevados de concentración. Se le denomina “concentración momentánea”. En el contexto de la visión clara, la concentración en realidad significa que somos capaces de investigar de manera muy consistente cada sensación que surge, una tras otra. De esa forma tenemos estabilidad en nuestra habilidad para investigar, en tanto que puede suceder una y otra vez sin interrupción, pero no estamos tratando de alcanzar estados estables ni ninguna otra cosa cuando hacemos prácticas de visión clara.

 

Ecuanimidad

Como dijimos antes, la concentración puede producir una gran estabilidad mental y esto puede conducir a la ecuanimidad. La ecuanimidad es esa cualidad mental de que está bien con todo o que se está equilibrado en cualquier situación, incluso en la falta de ecuanimidad. Sonará un poco extraño pero vale la pena considerarlo. La ecuanimidad se refiere también a una ausencia de lucha aun cuando se está peleando, una ausencia de esfuerzo incluso dentro del esfuerzo o una gran paz hasta cuando no hay tranquilidad. Cuando la ecuanimidad en verdad está bien desarrollada uno no tiene miedo de tener miedo ni le preocupa estar preocupado ni se irrita por estar irritado ni se enoja por estar enojado. La naturaleza fundamental de la mente es imperturbable y absolutamente ecuánime. Los fenómenos no trastornan al espacio ni tan siquiera a ellos mismos en lo más fundamental, desde cierto punto de vista.

Lo cierto es que hay tradiciones espirituales enteras que se dedican simplemente a afinarse con esta verdad esencial. Puede tener mucho valor aprender a ver el espacio que rodea a las cosas, en lugar de quedarte atrapado en las cosas mismas. Una frase muy útil que emplea una de esas tradiciones es “cultivar un equilibrio meditativo semejante al espacio”. Mientras más nos habituemos a esta forma de ser, mejor nos conectaremos con la verdad de la mente. 

También hay algunas enseñanzas realmente excelentes, en especial del zen y el daoísmo (también se escribe taoísmo), que tienen relación con esto, como las enseñanzas que hablan de que no hay corrupciones, que no hay iluminación (o que la práctica es la iluminación), que nada hay que perfeccionar, que no hay a dónde ir, etc. y puede ser muy conveniente revisar algunas de esas enseñanzas. Ése es el importante contrapeso para el esfuerzo espiritual y la práctica entusiasta, que pueden terminar siendo muy orientados hacia el futuro, si no se hacen bien. Al final, aun cuando consigas todo tipo de visiones profundas, si no tienes ecuanimidad estarás golpeando tu cabeza contra una pared y lo cierto es que te sentirás así o peor. 

Otra vez nos encontramos con que hay que conocer este momento tal como es. Esta cualidad de “tal como es” se relaciona con la atención plena y también con la ecuanimidad. Al final de cuentas, no nos queda más que aceptar la verdad de nuestra vida, de nuestra mente, de nuestra neurosis, de nuestros vicios, de la impermanencia, del sufrimiento y de la ausencia de ego. Tenemos que aceptar eso y es de ello de lo que están hablando cuando dicen “sólo ábrete a eso”, “sólo quédate con ello”, “simplemente déjalo ser”, “sólo déjalo ir” y otras frases así. 

Desde el punto de vista de una práctica de visión cabal pura, fundamentalmente ni siquiera puedes “dejar ir” lo que sea, así que a veces me gustaría que decayera la popularidad de este consejo que confunde y conduce a la indiferencia o que, por lo menos, se explicara adecuadamente. Sin embargo, si tan sólo investigas la verdad de las Tres Características de las sensaciones que parecían ser algo sólido, ¡llegarás a la maravillosa comprensión de que la realidad continuamente “se está dejando ir” a sí misma! De modo que “soltar”, en su mejor acepción, lo que significa es “no le des a un montón de sensaciones transitorias un sentido de solidez”. Esto no quiere decir “deja de sentir o de interesarte” y tampoco quiere decir “haz como que el sonido que hay en tu mente no está ahí”.

Si las personas empiezan por “simplemente abrirse a eso” pero todavía no han desarrollado una sólida atención consciente, no se han asomado a las Tres Características y no han tenido visiones profundas, entonces su práctica quizá no sea tanto meditación y se parezca mucho más a la psicoterapia, a soñar despiertos o incluso a una indulgencia neurótica espiritualmente racionalizada de absorción ensimismada dentro de un ruido mental. Notar el marcado predominio de esta actividad y la insistente y absurda noción de que no tenía caso tratar de alcanzar la iluminación fue lo que, en gran medida, demolió mi imagen de llegar a ser un feliz maestro de meditación en un renombrado centro de meditación en alguna parte.

Por otro lado, ir a una psicoterapia puede ser bueno, pero ese tratamiento es completamente diferente al de la meditación y entra de lleno en el dominio del primer adiestramiento. Sin embargo, no soy partidario de regodearse en el ensimismamiento dentro de un ruido mental y todo aquél que se haya reunido en un grupo pequeño en un retiro de meditación sabrá de qué estoy hablando. Eso es lo que pasa cuando la gente no deja que la mente contacte tierra en el objeto de la meditación. 

Asimismo, aunque logres todo tipo de firme concentración y observes profundamente la impermanencia, el sufrimiento y la insustancialidad, si no puedes abrirte a todo eso y simplemente dejarlas ser y aceptar las verdades de tu experiencia, muchas veces absurdas y atemorizantes, entonces es probable que te estanques en un infierno hasta que puedas hacerlo, sobre todo en las etapas más elevadas de las prácticas de visión clara.

Reflexiona mucho sobre lo que digo en los tres párrafos anteriores pues, muchos, muchísimos de los errores que se cometen en la vía espiritual provienen de no haber comprendido lo que ahí señalo. Con demasiada frecuencia se da un desequilibrio entre los primeros tres (atención consciente, investigación y energía) y los últimos tres (tranquilidad, concentración y ecuanimidad). Para ser honestos, la gran mayoría de los meditadores que aspiran a la visión cabal son demasiado flojos por lo que respecta a los tres primeros. De igual manera, algunos meditadores entusiastas se meten en líos cuando no cultivan suficiente aceptación, equilibrio y paz con respecto a los otros tres. Cuando las personas sólo se enfocan en el factor central, el arrobamiento, se vuelven insulsas adictas a la dicha. En resumen, los siete factores son todos muy importantes.  

Aquí el orden tiene su importancia. Empieza con una buena técnica, atención consciente, investigación, etc. y luego ve trabajando en los demás mientras practicas. En pocas palabras, debes tener tanto visiones profundas como aceptación y cada perspectiva puede y debería contribuir con las demás durante todo el proceso. Lo cierto es que todas son una y la misma. 

Algo más acerca de la ecuanimidad. Su enemigo cercano, el impostor que la desvirtúa, es la indiferencia. La auténtica ecuanimidad es la aceptación completa de toda la gama del corazón y la experiencia, mientras que la indiferencia es árida, plana e insensible. Esto es algo que con frecuencia se malinterpreta. Sin embargo, aceptar toda la gama del corazón no significa que uno siempre actúe siguiendo cualquier impulso. Actúa sólo siguiendo los impulsos del corazón que te parezcan hábiles y amables.

Como ya habrás imaginado, equilibrar y perfeccionar los Siete Factores de la Iluminación es suficiente causa para despertar. De modo que es buena idea revisar de vez en cuando esta pequeña lista, para que veas cómo vas y qué podría estar necesitando algún ajuste. El solo hecho de tener en mente esta lista puede ser de gran ayuda.

Es importante notar que sólo un factor, la investigación de las Tres Características, separa el entrenamiento en la concentración del entrenamiento en la visión clara fundamental. Cuando uno, con toda intención, se adiestra en la concentración, decide mantener la atención consciente en un objeto de concentración limitado y específico, como puede ser la respiración o, incluso, un estado enrarecido de la conciencia. No obstante, no investigamos las sensaciones individuales que constituyen ese estado, ya que se fragmentaría durante dicha investigación y produciría visiones profundas. Si en esa instancia no estamos buscando visiones claras fundamentales, entonces deberíamos evitar investigar ese estado. Sin embargo, sí empleamos energía para estabilizar nuestra concentración y esto produce arrobamiento, una característica de los primeros estados de la concentración. Asimismo, cultivamos una firme concentración, claro está, así como también tranquilidad y ecuanimidad, lo cual nos ayuda a estabilizar los primeros estados y alcanzar los más elevados. De tal forma, seis de los Siete Factores de la Iluminación se cultivan adiestrándose en la concentración y con frecuencia se recomienda por esta y otras razones es que suele recomendarse como un entrenamiento preliminar antes de adiestrarse en la visión cabal. 

El adiestramiento en la moralidad también cultiva algunos de los Siete Factores de la Iluminación, aunque de un modo menos formalmente meditativo. Para funcionar bien en el mundo común es conveniente estar muy atentos a lo que estamos haciendo, diciendo y pensando, así como a los efectos que eso está produciendo en el mundo, para que podamos modelar de manera consciente y lo mejor posible la vida que deseamos llevar. Es útil ejercitar la energía conforme moldeamos nuestra vida, por obvias razones. También podemos cultivar la tranquilidad, la capacidad de no tomarnos la vida demasiado en serio, para relajarnos, para hallar ese equilibrio entre concentración y calma que dan como resultado una buena vida. Podemos aprender a concentrarnos en permanecer enfocados en nuestras tareas, metas y aspiraciones, aunque en este caso la concentración es más como una forma de disciplina y no tanto como la de la meditación formal, si bien la disciplina de la acción, la palabra y la mente es vital para los otros dos adiestramientos. Por último, podemos aprender que no nos es posible deshacernos de todos los baches que hay en el camino, así que contar con los amortiguadores de la ecuanimidad, esa habilidad de permanecer espaciosos y aceptar lo que sucede, es también muy útil para construir una vida buena y sana.

 

7. Revisemos los Tres Entrenamientos

 

Los Tres Entrenamientos nos aportan un magnífico marco de referencia para pensar en el trabajo espiritual; un marco de referencia que puede ayudarnos a sostener una manera clara y hábil de pensar en lo que estamos haciendo. En este capítulo hablaré de muchos aspectos importantes del camino espiritual y usaré los Tres Entrenamientos, de hecho, la esfera de aplicación de cada uno de los Tres Entrenamientos, para ofrecer un modo fácil y poderoso de abordar esos temas tan complejos. Sólo por revisar, el ámbito del primer entrenamiento, al cual llamo moralidad, es el mundo ordinario, el mundo convencional, el mundo con el que todos estamos familiarizados incluso antes de que se nos ocurra considerar temas más especializados, como la meditación. El objetivo es actuar, hablar y pensar de una manera conducente para el bienestar tuyo y de los demás. El ámbito de acción del segundo adiestramiento, la concentración o las profundidades de la meditación, es enfocarse en objetos de meditación muy específicos y delimitados y, así, alcanzar estados de conciencia alterados específicos. El campo de aplicación del tercer entrenamiento, el de la visión clara o sabiduría, es pasar a la percepción de la realidad en el nivel de las sensaciones individuales, percibiendo en ellas las Tres Características y así llegar a tener atisbos profundos de la naturaleza de la realidad y alcanzar grados de iluminación.

Para empezar, consideraré la felicidad en el contexto de los campos de aplicación de los Tres Entrenamientos. Como el entrenamiento en la moralidad es un tema muy amplio, las formas en que podemos encontrar la felicidad es también un tema muy amplio y es interesante ver que se vuelve primordial en comparación con los otros dos ámbitos de entrenamiento, el de la concentración y el de la sabiduría. El común denominador del logro de la concentración es que aprendemos a estar en estados de conciencia que son una mezcla de dicha y paz, así como de un espacio creciente y alejados de nuestra experiencia ordinaria. Éstos pueden ser una fuente de felicidad mucho más intensa y confiable que la que se encuentra en el mundo ordinario. La posibilidad de acceder a tanta felicidad y paz como queramos y cuando queramos reduce nuestro enojo con el mundo porque él no nos las proporciona y eso nos hace menos deseosos y codiciosos. También está la felicidad que viene de ver la verdadera naturaleza de las sensaciones que componen nuestro mundo y que nos lleva a alcanzar etapas de realización o de iluminación.

Hay tres áreas de renuncia que corresponden a los ámbitos de los Tres Entrenamientos. Podemos renunciar a aspectos del mundo ordinario si sencillamente abandonamos esas cosas. Podemos dejar nuestro trabajo, dejar la relación en la que estamos, dejar de fumar crack y afeitarnos la cabeza. Podemos tratar de ser menos enojones o miedosos. Podemos trabajar en nuestras habilidades de comunicación, intentando ya no mentir ni calumniar. Algunas de esas cosas serán más fáciles que otras y algunas nos servirán y otras no, pero lo importante es que estas formas de renuncia, para bien o para mal, son renuncias a ciertos aspectos del mundo ordinario dentro del contexto del campo de aplicación del primer adiestramiento. Asimismo, podemos renunciar a renunciar a estas cosas y seguir haciéndolas. La renuncia es un concepto muy arbitrario cuando se aplica al primer entrenamiento. 

También está la renuncia que se da cuando uno está dispuesto y es capaz de alcanzar los logros temporales de la concentración. Estamos dispuestos a pasar un tiempo retirados de la experiencia ordinaria del mundo y entrar en estados donde el mundo ordinario se vuelve cada vez más apartado de nosotros. Por lo regular no es difícil convencer a la gente de que podría haber ocasiones en las que tener la capacidad de renunciar al mundo ordinario de esa manera durante cierto tiempo puede ser ventajoso. Todos podemos imaginar darnos un pequeño y dichoso descanso y encontrarlo útil si es en un contexto apropiado. 

También está el tipo de renuncia que se relaciona con las prácticas de visión clara, en las que uno está dispuesto a romper con el modo conceptual bruto de funcionar que sirve en el ámbito del mundo ordinario; romper con el modo conceptual de funcionar más restringido y refinado que es necesario para alcanzar estados de conciencia alterados estables y pasar al nivel de percibir sensaciones de manera individual y directa, viendo cuál es su verdadera naturaleza. Ésta es una forma mucho más sutil y sofisticada de renuncia que las otras dos y no siempre es fácil convencer a la gente de que les conviene tener esta opción abierta. 

La idea de la “iluminación” generalmente luce muy atractiva, pero de pronto suena extraña en el contexto de ver que todas las sensaciones son completamente transitorias, que son una fuente de dolor si elaboramos dualidades artificiales con ellas y que no son lo que llamo yo. Es normal que las personas revuelvan los tres tipos de renuncia. El error más común es que se imaginan que deben “sacrificar” aspectos de los dos primeros entrenamientos (una vida feliz y estados divertidos de concentración) para renunciar a ellos en la vía de la visión clara, en la que ven la verdadera naturaleza de las sensaciones que componen esas cosas. Se imaginan que deben dejar su trabajo o a su pareja para poder ver su verdadera naturaleza o se imaginan que no deben entrar en estados elevados para ver su verdadera naturaleza. Este error conceptual básico ocasiona muchos de los problemas que la gente encuentra en el camino espiritual. Eso me recuerda las tres formas de sufrimiento.

Primero tenemos esa forma de sufrimiento a la que el Buda se refería en muchos de los discursos que le han dado más fama: el sufrimiento ordinario. La lista habitual incluye el nacimiento, la enfermedad, la vejez, la muerte, la lamentación, el dolor, la aflicción y la desesperación. Éstas son formas comunes de sufrimiento que podemos tratar de mitigar con métodos ordinarios, por ejemplo trabajando en la esfera de acción del primer entrenamiento, es decir, el mundo convencional. Yo soy muy aficionado a intentar encontrar la felicidad mundana en tanto que no desatendamos la importancia de los otros dos entrenamientos. También está la forma de sufrimiento que tiene que ver con el ámbito del segundo adiestramiento y que se deriva del estar limitados a nuestro estado de conciencia ordinaria, en el que nuestra única salida nos la ofrece el sueño o el uso de sustancias químicas. Anhelamos una dicha que no está tan ligada a cosas como conseguir un buen empleo y experiencias como las que se encuentran en los estados de concentración. Nuestra mente tiene ese potencial y el hecho de que no logremos poder acceder a esos estados en los momentos en que nos ayudarían mucho y nos caerían bien es una fuente de esclavitud. Soy un gran aficionado a poder alcanzar esos estados maravillosos, siempre y cuando no descuidemos los otros dos entrenamientos. 

Asimismo, está el tipo de sufrimiento que ocurre porque elaboramos dualidades artificiales a partir de sensaciones que no son duales, más toda la reactividad innecesaria, las percepciones erróneas, las distorsiones de perspectivas y proporciones y la obcecación básica que acompaña a ese proceso. Esta clase de sufrimiento, que tiene relación con el ámbito del adiestramiento en la sabiduría, no es alcanzado por los dos primeros entrenamientos y por lo tanto forma un nivel básico de sufrimiento en nuestra vida y también incrementa el potencial de más sufrimiento en los otros dos campos de aplicación. Esta forma de sufrimiento se va aliviando poco a poco a través de las etapas de la iluminación, pues cada vez son menos los aspectos de la realidad que poseen la capacidad de engañar así a la mente. Soy un gran fan del despertar y, por eso, también de eliminar esta invasiva forma de sufrimiento, siempre y cuando no descuidemos los otros dos entrenamientos.

El sufrimiento del mundo ordinario puede ser extremadamente impredecible y dedicarse a aliviarlo es un asunto muy complejo que puede convertirse en la labor de toda una vida y quizá de toda la eternidad. El sufrimiento relacionado con ser incapaces de acceder a estados de conciencia alterados refinados se mitiga con tan sólo tomarse el tiempo para aprender las habilidades necesarias y luego refinarlas hasta que nos resulten accesibles cada vez que queramos. Estos estados tienen sus límites, de modo que en una sola vida e incluso en unos cuantos años o, acaso meses, alguien que posea el talento y sea diligente puede llegar a dominar por completo los estados básicos alcanzables mediante el entrenamiento en la concentración. Las etapas de la iluminación son permanentes y, una vez que se alcanzan, ese aspecto de nuestro sufrimiento queda eliminado para siempre y nunca vuelve a brotar. Es algo que pueden lograr quienes se tomen el tiempo necesario para ver con claridad cada sensación de manera individual y estén dispuestos a trabajar en ese nivel. 

Podemos aprovechar estos hechos básicos para ayudarnos a planear nuestra búsqueda de la felicidad y la eliminación de las diversas formas de sufrimiento que hay en nuestra vida. Podemos dirigir nuestros estudios, nuestro entrenamiento y nuestro trabajo en determinadas habilidades específicas que nos conduzcan a conseguir efectos y habilidades específicas en el orden que escojamos, dentro de los límites de las circunstancias de nuestra vida y los recursos de que disponemos. Por ejemplo, podría tener sentido que aprendiéramos a temprana edad las herramientas para la concentración, ya que con ellas cultivamos muchas de las habilidades necesarias para los otros dos adiestramientos y nos pueden aportar una creciente sensación de comodidad y bienestar. Imaginemos que en lugar de tomar una cerveza fría al final de una dura jornada pudiéramos bañar nuestro cuerpo y nuestra mente en tanta dicha y paz como pudiéramos soportar, el tiempo que quisiéramos. Si dominamos las prácticas de concentración tendremos la opción de hacer esas elecciones. 

 También tendría sentido que trabajáramos pronto en las prácticas de visión cabal y no las dejáramos para más adelante, ya que reduciríamos la cantidad de años que viviríamos cargando con el sufrimiento fundamental ocasionado por la ilusión de la dualidad. No es tanto lo que podemos hacer para evitar el sufrimiento ordinario, el nuestro y el de los demás, aunque siempre vale la pena hacer lo que esté en nuestras manos. Asimismo, es bueno darnos cuenta de que también podemos reducir y eliminar las otras formas de sufrimiento si aprendemos los dos estilos básicos de meditación; mucho más fácil que conseguir eliminar buena parte de nuestro sufrimiento convencional. Hay tres maneras en las que se emplean ciertas palabras, como “iluminación” y pueden relacionarse también con las esferas de los Tres Entrenamientos. Sin embargo, considero que es un hábito riesgoso y enfáticamente aconsejo utilizar la palabra “iluminación” y otras semejantes para referirse únicamente a las visiones trascendentes esenciales, queriendo decir las etapas del despertar en el sentido más elevado y tradicional. 

Es posible que escuchemos decir que alguien comete acciones “iluminadas” o que piensa de un modo “iluminado”, mas yo he llegado a la conclusión de que en el adiestramiento espiritual necesitamos ser muy cuidadosos y explicar que se trata de definiciones de la iluminación muy convencionales y relativas o, de plano, mejor no usar esas palabras. 

Hay tradiciones que le confieren a algunos de los estados de concentración muy elevados una calidad de estado esencial. También aconsejo rotundamente no hacer eso, igual que lo recomendó el Buda. Esos estados son tan irresistibles y seductores para algunas personas que terminan imaginándose que ya están iluminadas en el sentido no dual, cuando simplemente están teniendo una experiencia unitiva temporal o una experiencia desconocida (en la que en la realidad hubo algo que estaba faltando lo suficientemente en cualidades o intensidades específicas como para saberlo con claridad). Así que, enfáticamente, sugiero que jamás se asocien esos logros con el término iluminación, de ninguna manera.

Entonces, defino la iluminación como la eliminación permanente de las percepciones básicas en las que la respuesta es la dualidad o la unidad y, por lo tanto, se llega a una comprensión permanente no dual inquebrantable. No tiene nada, pero nada que ver con el modo en que se manifiestan las cosas y sí tiene todo que ver con un entendimiento básico de esas cosas. Dedico todo un capítulo a explicar mejor todo esto, pero es importante para lo que trataremos entre este punto y ese capítulo que presentemos de una vez la definición estricta y formal de la iluminación, tal como estaré empleándola. 

Estos marcos de referencia pueden ser útiles también para tratar otros asuntos comunes, como por ejemplo lo referente a ponerse a pensar en el pasado y el futuro cuando uno está meditando. La confusión surge cuando estos pequeños consejos se aplican fuera del ámbito pertinente para el cual se pronunciaron. Cuando estemos trabajando en nuestra vida cotidiana, es decir, en el campo de aplicación del primer entrenamiento, el contenido de nuestros pensamientos sobre el pasado y el futuro es muy útil y de hecho es absolutamente necesario. Con la experiencia generamos un cuerpo de recuerdos que nos indica qué nos conduce a qué cosa en este mundo y con nuestra habilidad para predecir acontecimientos podemos usar eso para tratar de llevar una buena vida, sea lo que fuere que entendamos por ello. Sin embargo, cuando nos afanamos en adiestrarnos en la concentración esos pensamientos por lo general se ignoran o se suprimen por medio de una profunda concentración en otro objeto. Cuando hacemos prácticas de visión cabal no importa mucho si surgen pensamientos de pasado o futuro, con tal de que ignoremos su contenido, notemos que están ocurriendo ahora y notemos la verdadera naturaleza de las sensaciones individuales que constituyen a esos pensamientos. Es común que oigamos que las personas están tratando de poner en práctica un consejo en un ámbito para el cual no se pronunció. Por ejemplo, que intenten dejar de pensar mientras están tratando de lidiar con sus asuntos cotidianos. Ese tipo de prácticas no haría más que promover la estupidez y de eso ya hay más que suficiente. En resumen, cuando evaluemos o pongamos en práctica un consejo espiritual asegurémonos de comprender el contexto específico para el cual se diseñó.

Pensé que sería divertido visualizar los Tres Entrenamientos como personajes y dejar que cada uno de ellos criticara a los otros y que luego dialogaran buscando la forma en que podrían apoyarse entre sí. Esto lo hago como una pieza teatral en un acto. Si bien exageraré y partiré en dos las diferencias que puedan tener entre cada uno de ellos, para lograr un efecto cómico, en verdad pienso que cada cosa que dicen tiene cierta validez. Con suerte, a través del humorismo podrás ver los importantes puntos que quiero ilustrar. 

Se abre el telón. Moralidad, Concentración y Visión Cabal están sentados en un Bar y discuten. Enfrente de cada uno hay una pila de vasos tequileros vacíos. 

Moralidad: ¡Ustedes, buenos para nada, ensimismados que se la pasan contemplándose el ombligo! ¡Yo salgo y trabajo mucho todo el día para hacer que este mundo sea un lugar decente dónde vivir mientras ustedes se la pasan sentadotes en esos cojines cubiertos de sudor y cultivan hongos en el culo! Yo voy y hago una buena cantidad de dinero, les lleno de pan la boca, les procuro un techo, me ocupo de resolver nuestros problemas y ustedes van y se gastan nuestro dinero en esa casa de chiflados que ustedes llaman centro de meditación. ¡Como si no hubiera tantas cosas importantes que hacer! ¡Quiero ocuparme de mi bronceado!

Visión Cabal: ¿A quién le dices “ensimismado”? ¡Yo no soy ensimismado, si lo analizas bien! Si no fuera por mí estarías tan enfrascado en una ilusión dualista que no distinguirías tu trasero de tu codo. ¡Tú, tan fijado conceptualmente, revolcándote en tus emociones, condenado a buscar manifestaciones, bodoque traga sándwiches... !

Concentración: ¡Sí! Y a propósito, don Gran Mundano, te vendría bien aprender a alivianarte un poco. Trabajas hasta gastarte la piel, ¿y qué ganas con eso? Unos dedos huesudos, eso es lo que ganas. ¡Y eso también va para ti, señor Iluminado! Si no fuera por la destreza que te he dado serías un bueno para nada, incapaz de enfocarte en algo y serías tan aburrido que te echarían a patadas! ¿Quién es el que trae a casa la alegría profunda y los estados mentales maravillosos? ¡Yo, por supuesto que yo! Así que ustedes dos harían mejor en callarse. 

Visión Cabal: ¡Ah! ¿Sí? Pues oye esto, señor La-la Land. Si no fuera por mí estaríamos todos tan embrollados en tus trascendentales alturas que ya nos habrían metido al bote. ¡Qué llamen a la policía! ¡Ustedes dos pierden la cabeza tan fácilmente, junto con todo sentido de la proporción! Si no estuviera yo con ustedes no pasarían los dos de tener toda la perspectiva de un montón de estiércol.

Moralidad: ¿Montón de estiércol, dices? ¡Serías muy afortunado si al menos tuvieras un montón de estiércol, si no fuera por mí! ¡Tú, obsesionado con la vacuidad! ¡Ay, sí, “yo no soy ningún adicto a las vibraciones conceptuales”! ¿De que sirve que tengas perspectiva si no sales y la usas? 

Concentración: ¡Sí! Pero hablando de perspectiva, yo a ustedes les doy más perspectiva de la que alcanzan a darse cuenta. Y no sólo aporto un puente que comunique aquí a nuestro joven modelo de póster de vamos a salvar al mundo con este otro muchacho, vacilante obsesivo de la vacuidad, sino que además les ayudo a sus pequeñas mentes nerviosas y retorcidas a andar derecho. ¡Le ayudo aquí al pequeño boy scout a coleccionar revelaciones cada vez más profundas en su jodido mundo emocional y más “sustancia” de la que el pobre podría llegar a tener jamás por sí mismo y, si no fuera por mí, aquí don Fundamental se la pasaría dando vueltas en su coche por todo el estacionamiento! ¡Además, soy divertido, divertido, divertido!

Visión Cabal: Puede que sí, pero nunca sabes cuándo hay que parar. ¡Eres un caso perdido en el espacio exterior! Si don Relativo y yo no te bajáramos de las nubes seguirías extraviado en alguna dimensión sin forma, creyendo que ya habías conseguido media pista. ¡Aquí el que ya descifró el enigma soy yo! No hay nada en el mundo como lo que yo sé y sin eso todo su patético sentido de identidad estaría enredado en un mundo más allá de su control. ¡Yo soy su salvación y ustedes lo saben!

Moralidad: ¡Más allá de nuestro control mis narices! Yo hago que las cosas sucedan en este mundo. ¡Grandes cosas! ¡Soy el único que en realidad nos lleva a alguna parte! ¡Hago la diferencia! ¡A quién le importa si no hay un Yo, cuando hay gente muriendo de hambre en África!

Visión Cabal: ¡Eso, a quién le importa, es exactamente lo que quiero decir! ¡No hay un Yo independiente ni permanente al cuál le importe!

Moralidad: “Yo sé que tú eres, ¿pero qué soy yo?”

Visión Cabal: ¡Exactamente!

Moralidad: ¡Tonto!

Concentración: ¿Ya ven? Es mejor que se relajen y le den equilibrio y paz a su vida. ¡Tómense unos minutos para sólo respirar! Dejen atrás sus preocupaciones y vuelen por el amistoso cielo! ¡Es gratis, no es contra la ley y es muy recomendable! ¡Pueden dejar de hacerlo siempre que quieran! ¡Todos sus amigos lo están haciendo! ¡Vamos, sólo relájense!

Moralidad: ¡Está bien, Hombre del Espacio! ¿Y cuándo vamos a resolver nuestros problemas emocionales, eh? ¿Cuándo vamos a salvar al mundo? No podemos estar de vacaciones eternamente.

Visión Cabal: El problema es que no puedes ver las sensaciones que constituyen esos “problemas” tal como son, de modo que te la pasas haciendo tremendo alboroto por esas cosas. Sí, entiendo lo que quieres decir pero eres tan reactivo y obcecado que eso te descarta como el indicado para cumplir con esa misión. Solidificas todo eso y lo vuelves unos monstruos enormes. Luego se te olvida que fuiste tú quien los creó y te aterrorizas cuando vienen a perseguirte. ¡Necesitas algo que te ayude a ver claro, musaraña confundida!

Moralidad: ¡Uy, sí! No te creas que nada más porque puedes ver la verdadera naturaleza de los asuntos que integran tu realidad entonces ya no tendrás nada tangible con qué lidiar. ¡Eso sí que es engañarse!

Visión Cabal: Es peor engaño creer que de veras puedes tener una perspectiva completamente saludable sobre cualquier cosa sin mi ayuda. ¡Creador de monstruos!

Concentración: Amigos, ¿ven esos ángeles que están entrando, flotando, a través de la pared?

Moralidad: ¡De dónde saqué a estos subnormales!

Visión Cabal: Poca memoria, ¿eh? Nos encontraste cuando te diste cuenta de que no podrías sobrevivir tú solo. Nos necesitabas para poder hacer el trabajo al que querías dedicarte, para de veras destacar y ser tan feliz y efectivo como fuera posible. 

Moralidad: ¿Ah, sí? ¿Y cuando podré librarme de ustedes? 

Concentración y Visión Cabal: Cuando nos domines completamente. 

¡Oh! ¡Hablamos al mismo tiempo! ¡Me debes un helado!

Moralidad: ¡Cantinero...!

 

FIN

 

Si descubres que has llegado a un punto en el que no puedes reírte en tu propio camino detente de inmediato y trata de entender por qué. Espero que este pequeño e irreverente diálogo te haya divertido. Es cierto que es un poco ridículo pero ese tipo de tensiones pueden ocurrir hasta que en verdad tengamos una sólida comprensión de cada entrenamiento. Cuando la tengamos éstos funcionarán en conjunto, como era de esperarse.

8. Las Cuatro Nobles Verdades

 

Las Cuatro Nobles Verdades (el sufrimiento, su causa, su conclusión y el camino que lleva a su conclusión) son fundamentales en las enseñanzas del Buda. A él le gustaba resumir toda su enseñanza en esos términos. De hecho, cuando le pidieron que fuera de veras conciso se refirió sólo a la primera y la tercera, el sufrimiento y el cese del sufrimiento. Eso fue lo que enseñó. Al igual que las otras listas que pongo aquí, éstas tienen una gran profundidad en muchos niveles y vale la pena que ahondemos en ellas. 

 

Verdad Número Uno: El Sufrimiento

 

La primera verdad es la verdad del sufrimiento. ¡Oye! ¿Qué, no vimos ya eso en las Tres Características? ¡Sí! ¿No es grandioso? También acabamos de verlo en nuestra revisión de los Tres Entrenamientos. Tiene que haber habido algo importante en ello como para que diera pie a lo que se ha llamado las Cuatro Nobles Verdades y que no es inmediatamente obvio. ¿Por qué practicamos? ¡El sufrimiento, por eso es! Así de simple. ¿Por qué hacemos lo que sea? ¡El sufrimiento! Muchas personas se resisten a aceptar esto y argumentan que hacen muchas cosas por otras razones, no por el sufrimiento. Supongo que para estar de veras en lo correcto debería agregar la ignorancia y el hábito, pero éstos están íntimamente conectados con el sufrimiento. Esto amerita investigarse a profundidad. Quizás haya algo más en esta primera verdad que posiblemente se les pasó sin notar en la primera inspección, pues que se trata de una enseñanza profunda y sutil. Lo cierto es que comprender esta primera verdad es entender todo el camino espiritual, así que tomémonos un tiempo para investigarla.

El sentido básico de esa verdad desde un punto de vista relativo es que queremos que las cosas sean diferentes a como son y eso causa dolor. Queremos que lo que es agradable sea permanente, queremos conseguir lo que deseamos y evitar lo que no deseamos. Quisiéramos que lo malo pasara más rápido y todo esto es lo contrario a la realidad. Todos morimos, nos enfermamos, tenemos conflictos y constantemente parece que nos la pasamos tratando de obtener algo (avidez), de escapar de algo (odio) o de desconectarnos por completo de la realidad (engaño). Nunca estamos perfectamente felices con las cosas tal como son. Es de este modo tradicional y relativo como se explica el sufrimiento, pero estas definiciones sólo nos pueden llevar hasta allí. En el nivel más fundamental, el más útil para hacer las prácticas de visión clara, deseamos desesperadamente que hubiera un yo independiente y permanente, de modo que pasamos muchísimo tiempo esforzándonos en apoyar esa ilusión. Para eso, por lo regular ignoramos montones de información útil acerca de nuestra realidad y les damos a nuestras impresiones mentales y a nuestras simplificaciones de la realidad mucha más importancia de la que es necesario dispensarles. Es esta ilusión la que añade un elemento problemático a la manera normal y comprensible en que procuramos ser felices. Constantemente estamos peleando con la realidad porque la entendemos mal, es decir, porque la realidad se malentiende a sí misma. “¿Y qué tiene eso de nuevo?”, preguntará alguno por ahí. ¡Buen tiro! No es nuevo, ¿o sí? ¡Eso ha sido así toda nuestra vida! La gran pregunta es, “¿Hay alguna comprensión que cause una diferencia?” Sí la hay. De lo contrario no estaríamos tomándonos la molestia de andar con todo este rollo espiritual. En alguna parte de nuestro ser hay una vocecita que grita: “¡Hay otro modo!” Podemos encontrar ese otro modo. 

El hecho es que conectar con la verdad del sufrimiento nos puede motivar en la práctica espiritual. La mayoría de los discursos tradicionales sobre las enseñanzas del Buda comienzan con esto. ¡Más que simplemente motivarnos a la práctica espiritual, sintonizarnos con el sufrimiento es práctica espiritual! Mucha gente empieza a meditar y luego se siente frustrada porque experimenta mucho sufrimiento y dolor, sin saber que están empezando a entender algo. Se aferran al ideal de que las prácticas de visión clara les darán paz y dicha y, sin embargo, mucho de lo que hallan es sufrimiento. No se dan cuenta de que sobre el cojín las cosas tienden a ponerse peores antes de ponerse mejores. Entonces rechazan las mismísimas verdades que deben entender a profundidad para alcanzar la paz que estaban buscando, así que no llegan a nada. Rechazan sus propias comprensiones valiosas, obtenidas por medio de una práctica válida. Sospecho que éste es uno de los escollos más comunes en el sendero espiritual. 

El sufrimiento tiene otro aspecto que puede ser de mucha ayuda: la compasión, el deseo de que no haya sufrimiento. Donde quiera que haya sufrimiento habrá compasión, aunque la mayor parte del tiempo esté un poco enroscado debido a la lógica confundida del proceso del ego. Veremos más de eso en un momento, pero ahora hemos llegado de manera directa a la segunda Noble Verdad, la causa del sufrimiento. 

 

Verdad Número Dos: “El Deseo”

 

La Segunda Noble Verdad es que la causa del sufrimiento es el deseo, también interpretado como anhelo o apego. Queremos que las cosas sean diferentes a como son porque percibimos el mundo a través de la extraña lógica del proceso del ego, mediante la ilusión de la escisión entre el perceptor y lo percibido. Podríamos decir: “¡Claro que queremos que las cosas sean estupendas y no desagradables! ¿Pues qué esperabas?” El problema en realidad no está tanto en el deseo de que las cosas sean buenas y no malas en la forma en que podríamos pensar. La verdad es que se trata de algo un poco más sutil que eso. 

De verdad que estamos ante un asunto muy resbaladizo y muchas personas pueden terminar ansiando no anhelar y deseando no apegarse. Esto puede ser útil si se hace con sabiduría y lo cierto es que es con eso con lo que tenemos que trabajar. Sin embargo, si ignoramos el sentido común, el deseo de no apegarnos puede producir ascetas neuróticos, reprimidos, santurrones y soberbios en lugar de meditadores equilibrados y amables. Es posible que en un paseo por cualquier monasterio o comunidad espiritual te encuentres con claros ejemplos de ambas posibilidades de tan delicado balance. Mejor no conviertas en un problema el hecho de que por lo visto uno debe de desear algo para ir a buscarlo. Esta paradoja se resolverá si conseguimos experimentar la realidad claramente en este momento. 

“Avidez”, “apego” y “deseo” son algunas de las palabras más peligrosas que podemos usar para describir algo que en realidad es mucho más fundamental de lo que ellas parecen indicar. El Buda habló de estas formas convencionales de sufrimiento, pero también habló del sufrimiento fundamental que se deriva de anhelar profundamente tener un refugio que implique un yo independiente o permanente. Nos imaginamos que una personalidad así será un refugio y entonces deseamos ser así; intentamos convertir ciertas sensaciones en ese yo, nos aferramos a la noción fundamental de que ese yo puede existir como una entidad estable y que eso nos ayudará. Los efectos colaterales de eso se manifiestan en todo tipo de adicciones a estados mentales y emociones que no nos ayudan, pero sólo son efectos secundarios, no son la raíz que causa el sufrimiento, a la cual se refería el Buda.

Como dije antes, un concepto que nos puede ayudar aquí es la compasión, un aspecto medular de la práctica y la realidad que tiene relación con la bondad. Ya ves que dondequiera que hay deseo hay sufrimiento y dondequiera que hay sufrimiento hay compasión, el deseo de que termine el sufrimiento. Es algo que en verdad puedes sentir. De modo que es obvio que hay una auténtica relación estrecha entre el sufrimiento, el deseo y la compasión. Esto es material pesado pero bueno y vale la pena investigarlo. 

Podemos concebirlo como compasión que se quedó atrapada en un circuito, el circuito de la ilusión de la dualidad. Es como un perro que persigue su propia cola. El dolor y el placer, el sufrimiento y la satisfacción siempre parecen estar “por ahí”. De tal modo, cuando brotan las sensaciones agradables hay un intento constante, compasivo e iluso de llegar ahí, al otro lado de la división imaginaria. Es la atracción fundamental. Pensarías que simplemente dejaríamos de imaginar que hay una división, pero por alguna razón eso no es lo que ocurre. Seguimos perpetuando la noción de una división tanto como seguimos tratando de crear un puente hacia ella y entonces sufrimos. Cuando surgen las sensaciones desagradables hacemos un intento de alejarnos de ahí y ampliar esa separación que imaginamos. Es algo que nunca va a funcionar, porque en realidad no existe, pero la forma en que mantenemos la mente mientras tratamos de alejarnos de ese lado es dolorosa. Cuando surgen sensaciones aburridas o desagradables hacemos un intento por desconectarnos completamente de eso y olvidarlo todo, tratando de hacer como que las sensaciones de ese otro lado de la división no están ahí. Esto es ignorancia fundamental y perpetúa el proceso, del mismo modo que en un principio lo hizo al ignorar aspectos de nuestra realidad sensorial y crear así la ilusión de una división. 

Estas definiciones estrictas de atracción, aversión e ignorancia fundamentales son muy importantes, particularmente cuando analizo los diversos modelos de las etapas de la iluminación. Debido a la ilusión, parece que de alguna manera creemos que estas reacciones mentales nos ayudarán de un modo que será permanente. Recuerda que lo único que nos ayudará fundamentalmente es entender las Tres Características en un grado que marque la diferencia; y las Tres Características están manifestándose aquí mismo. 

¿Recuerdas que mencionamos antes que el sufrimiento motiva todo lo que hacemos? Podríamos decir, asimismo, que todo lo que hacemos está motivado por la compasión, que es parte de la naturaleza fundamentalmente vacía de la realidad. Eso no significa que todo lo que hacemos sea hábil. Ése es un asunto totalmente diferente. 

La compasión es algo muy bueno, sobre todo cuando abarca a uno mismo y a todos los seres. Es como la otra cara de la Segunda Noble Verdad. El gran problema es que la compasión “mal dirigida”, la que se filtra a través del proceso del ego y sus hábitos relacionados, puede producir un enorme sufrimiento y a menudo eso hace. Es fácil pensar en muchos ejemplos de personas que buscan la felicidad en los sitios más extraños y haciendo las cosas más raras. Sólo toma un periódico, el que sea. El mensaje básico es que busques la felicidad donde sea más probable que la encuentres. 

Podríamos decir que la compasión es el aspecto primordial del deseo o podemos pensar en la compasión y el deseo en un sistema continuo. Mientras más sabiduría o comprensión de la interconexión haya detrás de nuestras intenciones y actos, más compasión reflejarán y mejores serán los resultados. Mientras más codicia, odio y autoengaño o falta de comprensión de la interconexión haya detrás de nuestras intenciones y actos, más reflejarán deseo y más probable será que haya sufrimiento. 

Es lo que por lo regular conocemos como la “Ley del Karma”, en la que karma es una palabra que tiene que ver con nuestras intenciones y acciones. Algunas personas pueden enredarse en cuestiones específicas al respecto, que no es posible conocer, como ponerse a especular que si matamos a un escarabajo volveremos después como escarabajos y nos van a aplastar. No hagas eso. Causa y efecto, también llamados interdependencia, son un complejo demasiado imponderable. Bastará con que utilices este concepto general para contemplar con honestidad qué es lo que quieres, por qué y exactamente cómo lo sabes. Examina cuáles podrían ser las consecuencias de lo que haces y piensas, tanto para ti como para los demás y asume la responsabilidad de esas consecuencias. Es una tarea difícil y una práctica importante, pero no la emprendas de manera obsesiva. Recuerda la sencillez del primer entrenamiento y adiéstrate en la bondad, la generosidad, la honestidad y la claridad. Obtén también equilibrio y sabiduría gracias a los otros dos entrenamientos a medida que avanzas. 

A veces puede ser abrumador asomarse al sufrimiento y el deseo. La vida puede ser extremadamente difícil en ocasiones. En esos momentos trata de ver el lado central de la ecuación, compasión y bondad. Conéctate con la parte de tu corazón que simplemente desearía que el sufrimiento termine y siéntelo muy hondo, en especial cómo se manifiesta en el cuerpo. Ya esto puede ser una práctica profunda. Hay también muchas otras buenas técnicas para cultivar un corazón espacioso, capaz de tolerar lo que sea, como son las prácticas formales de amor y bondad (ve el excelente libro de Sharon Salzberg, Lovingkindness, The Revolutionary Art of Happiness). Encontrarlas y practicarlas puede hacer que el camino espiritual resulte mucho más llevadero y agradable, así como también puede ser más probable que queramos perseverar, que obtengamos visiones profundas, que las integremos a nuestra vida y que las usemos para beneficiar a otros.

El mensaje que ha de quedarnos es que hay que tomar el deseo de ser felices y de liberarnos del sufrimiento y usar su energía para llevar a cabo acciones hábiles que de veras puedan hacer que eso suceda, en lugar de quedarnos atrapados en viejos patrones sin examinar con los que intentamos encontrar la felicidad donde ya sabemos que no estará. Los Tres Entrenamientos son hábiles y pueden informar toda nuestra vida. Si los seguimos podemos llegar hasta el final de muchas formas de sufrimiento y estar en una posición mucho mejor para ayudar a otros a hacer lo mismo.

 

Verdad Número Tres: El Cese del Sufrimiento

 

Esto nos pone con toda suavidad en la Tercera Noble Verdad, el cese del sufrimiento. Como señalamos antes, hay tres tipos de sufrimiento pertenecientes al ámbito de cada uno de los tres entrenamientos. Tradicionalmente, el Buda habló del final del sufrimiento como algo relacionado con el dominio del tercer entrenamiento y, derivado de eso, llegar a estar muy iluminado. Lo primero que hay que decir es que puede hacerse y que en la actualidad lo hacen meditadores como tú, de diversas tradiciones espirituales. Sí, hay personas iluminadas que andan por ahí. No son nada más unos pocos extraños que han pasado 20 años en una cueva en el Tíbet. Es algo muy importante que hay que entender y en lo que hay que tener fe. Otra cosa que debemos mencionar es que cuando ponemos fin al deseo fundamental, que aquí traduciremos como ya no filtrar la compasión y la realidad a través de la extraña lógica del proceso egoico, entonces termina el sufrimiento fundamental. Eso es todo. Hecho está lo que había que hacer. Se ha ido, se ha ido, se ha ido más allá y todo eso que se dice. Todos los seres pueden hacerlo y, haciendo un pequeño chiste místico, no hay mejor momento que el presente. 

Hay que decir que el Buda también elogió a quienes habían dominado los otros dos entrenamientos y, con ello, eliminado el sufrimiento que puede erradicarse con esos métodos. Hasta los seres muy iluminados pueden obtener beneficios si dominan los estados de concentración. Sin embargo, hay algunas cuestiones complejas y difíciles con respecto a eliminar todo el sufrimiento ordinario del mundo y, por lo mismo, con respecto al dominio del primer adiestramiento, que es una labor sin fin. Debido a este punto en particular han surgido enseñanzas como el Voto del Bodhisattva. Hablaré sobre esas complejidades hacia el final de este libro.

 

Verdad Número Cuatro: El Camino

 

La Cuarta Noble Verdad es el Noble Sendero Óctuple que nos conduce al final de todo sufrimiento. ¡Otra lista! Con suerte ya te gustan las listas y verás que ésta otra puede ser una útil guía para encontrar el final del sufrimiento. Por fortuna ya hemos visto todo el Noble Sendero Óctuple en algunas partes de algunas de las otras listas. Además, se resume en los Tres Entrenamientos: moralidad, concentración y sabiduría.

La sección sobre moralidad se divide en tres puntos específicos: acción hábil, discurso hábil y subsistencia hábil. Con hábil queremos decir lo que es conducente para terminar con el sufrimiento, el nuestro y el de todos los demás seres vivos. Sé bondadoso, honesto, claro y compasivo en todos los aspectos de tu vida, en tus actos, en tu manera de hablar y en tu trabajo. Nota que no se excluye nada aquí. Mientras más aspectos de nuestra vida integremos con el camino espiritual, mejor. Es sencillo de recordar y es, asimismo, una guía poderosa. 

La sección acerca de la concentración contiene tres cosas que ya vimos en las Cinco Facultades Espirituales y los Siete Factores de la Iluminación: energía hábil, concentración hábil y conciencia hábil. 

La sección sobre la sabiduría contiene las últimas dos partes del sendero: pensamiento o intención hábil y comprensión o sabiduría hábil. Estas dos suelen traducirse de diferentes maneras, pero el significado es el mismo: entender la verdad de nuestra experiencia y aspirar a actuar con bondad y sabiduría en nuestros pensamientos y obras. Una vez más lo digo, es simple pero poderoso.

9. Consideraciones prácticas acerca de la meditación

 

 

Cuándo, dónde y cuánto tiempo

 

El mejor momento para meditar es cuando uno pueda, como cuando decimos “¡Aprovecha mientras puedes!” El mejor lugar para meditar es donde puedas y la duración óptima es tanto tiempo como haya disponible o el que sea necesario para que obtengas lo que deseas de la práctica. Puede parecer una respuesta obvia pero la gente a veces se mete en la cabeza que cierta duración es mejor que otra y entonces no medita si no disponen de ese tiempo que les parece sagrado o si alguien les interrumpe en ese periodo. Puede suceder que sientan que les hacen mucha falta determinados lugares o circunstancias especiales (por ejemplo ciertos cojines o cierto nivel de ruido) y si eso no está al alcance se sienten frustrados y no pueden practicar. Quizá sientan que es necesario que la meditación dure determinado tiempo por lo menos y, por lo tanto, se sienten incapaces de aprovechar el rato que tienen disponible.

Si dispones de dos horas para meditar cada día, ¡excelente! Si tienes dos empleos, seis hijos y de plano no puedes darte más de unos diez minutos al día para meditar, aprovéchalos. Ha habido momentos en mi vida en los que agradecía contar con veinte horas al día para practicar. Por otra parte, cuando no he tenido más que diez minutos diarios he sentido gratitud por poder apreciar lo valioso que eran esos diez minutos. Una inmediatez hábil y una gratitud bien desarrollada por contar con la oportunidad de practicar aunque sea un poco puede permitirnos utilizar de veras al máximo pequeños espacios de tiempo.

Si puedes disponer de un mes al año para hacer retiros intensivos, qué maravilloso. Si un retiro de un fin de semana al año es todo lo que puedes aprovechar, tómalo. En resumen, honra el sitio en que te encuentras y lo que de un modo realista puedes conseguir, dadas tus circunstancias actuales. Si no son de tu completo agrado y quieres dedicar más tiempo a la práctica esfuérzate en reacomodar un poco las cosas para que tengas una vida que te parezca satisfactoria, en caso de que más adelante decidas practicar un poco menos.

Por fortuna la meditación es un ejercicio extremadamente portátil. No necesitas andar cargando con equipo especial ni tener a otras personas alrededor ni hacer una cita. No hay que pagar ni apuntarse en una lista ni hacer trámites burocráticos. La realidad sucede. Las sensaciones surgen. Si prestas cuidadosa atención a eso, sintiendo de veras con precisión cómo es estar aquí ahora, ¡ya estás practicándola! Así de fácil.

Si bien he llegado a apreciar definitivamente las condiciones “ideales” para meditar y sus obvios beneficios también he tenido profundos atisbos y experiencias extraordinarias en lugares que difícilmente podrían considerarse ideales (por ejemplo, en la sala de descanso en el trabajo o mientras me cepillaba los dientes). Aprecio definitivamente la profundidad adicional de los largos periodos de práctica ininterrumpida pero tengo la certeza de que la capacidad para aprovechar los ratitos que se dan por momentos me ha ayudado mucho a que las cosas prosperen.

A veces medito cuando reposo antes de dormir, cuando estoy recostado en la mañana antes de tener que levantarme, cuando despierto a media noche, antes de una siestecita en el sofá, mientras estoy en una conferencia o en una junta aburrida o cuando estaba en la antesala de la escuela a la que asistía, antes de las clases de la tarde. He llegado a la conclusión de que cinco minutos de una práctica auténticamente dedicada, clara y enfocada en estrechas circunstancias muchas veces puede producirme más beneficios que una hora de una práctica deficiente, vaga y distraída en “óptimas condiciones”.

Asimismo he llegado a apreciar el valor de las sesiones en las que me siento y decido de antemano cuánto tiempo, cuando hago el voto de sentarme y mantenerme atento durante un periodo de tiempo definido. Tomo un pequeño despertador de bolsillo o un cronómetro de cocina y prometo sentarme por un lapso predeterminado, que por lo regular es de entre 30 minutos y una hora y media. He visto que durante las sesiones en que me siento sin predeterminar el tiempo tiendo a levantarme cuando entro en terreno difícil o cuando siento leves dolores por estar sentado u otras sensaciones que no quiero reconocer ni investigar con claridad. En una sesión en la que predetermino el tiempo es mucho más probable que haga frente a todo eso y desarrolle más confianza y disciplina, así como la visión que se deriva de una investigación persistente.

 

 

La vida diaria y los retiros

 

Un asunto que se relaciona mucho con esto es el del mundo de los retiros y la vida monástica y cómo eso contrasta con el mundo de la “vida cotidiana” o la vida de una “persona de familia”. Cada uno de estos aspectos tiene su propia serie de detalles, pero muchos de ellos coinciden y las diferencias pueden ser más una cuestión de grado que de dicotomía.

Ahora bien, es verdad que la batalla no siempre la gana el más fuerte ni la carrera la gana el más rápido, sin embargo en ello basaríamos nuestras apuestas. En otras palabras, quienes practican mucho en la vida diaria, que van a retiros más seguido y más tiempo, que pueden concentrarse e investigar con rapidez y precisión de un modo más consistente, que están atentos con mayor frecuencia a lo largo de sus actividades diarias y que tienen su bagaje moral más compacto son, en promedio, los que más probabilidades tienen de progresar.

Cuando van de retiro, las personas tienen la oportunidad de practicar casi todo el día en un ambiente que por lo regular ha sido diseñado para propiciar la exploración clara y precisa y la profundidad en la meditación (¿y por qué entonces es tan poca la gente que de veras aprovecha esas circunstancias cuando va de retiro? Es algo que no entiendo y dedicaré mayor espacio a despotricar acerca de ello más adelante). Lo que quiero decir es que ir de retiro puede ofrecernos oportunidades para practicar con mucho mayor velocidad y profundidad si en verdad elegimos practicar. Dicho de otro modo, si vas de retiro aprovecha ese tiempo.

Hay una gran diferencia entre las experiencias de las personas que hacen retiros a medias y las que de verdad siguen las instrucciones todo el día. Según lo que he vivido no hay comparación entre los retiros que he hecho en los que realmente propulsé la investigación desde que me despertaba hasta que volvía a ir a dormir en la noche, ocasionando un progreso rápido y profundo; y los retiros en los que me tomaba un descanso de repente para pensar en mis asuntos o la teoría de la meditación, con lo que por lo general causaba un progreso entre moderado y lento. Mientras que mucha gente cree que los retiros son para los practicantes más avanzados, yo pienso que tomar algunos retiros en una etapa temprana de veras puede impulsar muchas cosas y permitir que uno vaya aprovechando mejor su tiempo dedicado a la meditación fuera de los retiros.

A menudo pienso en el impulso que generan los retiros como si se tratara de hacer rodar una roca para que pase sobre una colina. Si tomas vuelo y empujas fuerte todo el trayecto es más probable que consigas que esa roca ruede con la suficiente velocidad como para que suba y baje ese montículo de un solo tiro recto. Si empujas de manera intermitente o con pocas ganas lo más probable es que la roca ruede de regreso cuando llegues a la parte empinada de la colina, aunque habrás desgastado un poco la subida y quizá te habrás fortalecido un poco más con el ejercicio. De tal modo, es posible ir desgastando la colina haciendo eso durante algún tiempo, pero es mucho más rápido si simplemente te esfuerzas a pasarla la primera vez y avanzas enseguida hacia el siguiente montículo. Yo no sé que haya beneficios obvios de la práctica lenta que no puedan ayudar a obtener puntos de apoyo en el terreno de la concentración o de la visión clara.

Quienes optan por abordar la práctica con este enfoque de ir desgastando el montículo pueden acabar perdiendo la fe y el interés por haber hecho un gran esfuerzo y conseguido un pequeño efecto. Quienes de veras se dedican y cruzan algunas cimas pronto mediante un esfuerzo enfocado y consistente, como pueden ser el ir a retiros o tener una práctica cotidiana verdaderamente sólida, obtendrán una noción más clara de logro y empoderamiento y acaso hayan dedicado menor tiempo y esfuerzo que quienes intentaron desgastar la colina. No deberían perder de vista esta ironía quienes quieren desarrollar de un modo inteligente sus habilidades meditativas. Digamos por ejemplo que pudieras asignarle 365 horas al año a una práctica formal de meditación. Si me dieran a elegir me inclinaría por ocupar la mitad de ese tiempo, unas 182 horas y hacer un retiro de 10 días, para empezar el año, practicando duro y consistentemente 18 horas al día, con muy pocas interrupciones y luego pasaría media hora meditando cada uno de los demás días. Sería mucho más probable que atravesara pronto algún territorio interesante y que superara algunos de los obstáculos iniciales si lo hiciera así que si pasara una hora cada día del año practicando bien. La cantidad de tiempo y esfuerzo es la misma pero es muy posible que el efecto fuera diferente.

 

 

Algo que hay que mencionar acerca de los retiros

 

Primero que nada, los retiros tienden a tener un ritmo casi predecible. Si nos damos cuenta de eso y disponemos del tiempo y los recursos de espacio, podemos escoger de qué duración deseamos un retiro, para que cumpla con nuestros objetivos en la meditación. Incluso si estamos practicando bien, los primeros días de un retiro suelen irse en adaptarse al sitio, la postura, la rutina, la gente, las costumbres de lugar, el horario, etc. Del mismo modo, el último o los dos últimos días del retiro nos dan para que surjan pensamientos acerca de lo que haremos a continuación. Por eso, para darte un tiempo en medio de ese lapso, en el que no estés pensando en esas cosas, recomiendo que hagas retiros de más de cinco días siempre que puedas. No quiero decir que un retiro más corto no te aporte beneficios, pero esos días intermedios ayudan a que la concentración se fortalezca y la práctica sea mejor.

En Segundo lugar, cada centro de retiro y cada tradición tiene sus sombríos aspectos neuróticos y sus desventajas. Esto es inevitable pero asimismo es conveniente identificar esos rasgos y darse cuenta de que hay maneras de conseguir que no hagan más lenta nuestra investigación. Uno de los centros en los que he pasado algún tiempo tiende a atraer a personas serias y ceñudas que se mueven penosamente durante la práctica caminando, como si el sonido o la mirada más leve de alguno alrededor pudieran activarlos como una bomba. He estado en otro centro en el que en algunas ocasiones yo era el único meditador, lo cual me exigía más motivación por mi propia parte y más disciplina. Otro centro monástico en el que estuve mantiene toda esa típica jerarquía de varones, lo que ocasiona diversas reacciones por parte de quienes asisten a los retiros, tanto hombres como mujeres.

De igual modo, están también algunos aspectos neuróticos acerca de la comida (todo un tema, del cual la punta del iceberg es apenas el típico vegetarianismo o no vegetarianismo), acerca de los baños, de los cuartos, de las duchas, del agua caliente, de lavar la ropa y los trastes, de las tareas de limpieza, de la calefacción y el aire acondicionado (uno de los lugares en que he estado tenía en algunos de sus edificios unos caprichosos hornos de madera para calentarse y otro sitio, en un escenario tropical, tenía las ventanas abiertas y los mosquitos hacían su festín con nosotros), acerca de la ropa (por ejemplo, en algunos centros se le pide a la gente que vista de blanco, mientras que en otros no se permiten prendas cortas o reveladoras, en tanto que en otros lugares eso no importa), acerca de las fragancias, las sensibilidades a los productos químicos, el incienso, las campanas para despertarse por las mañanas (que si demasiado suaves, que si demasiado fuertes, que si a alguien se le olvidó por completo que tenía que tocarla), acerca de los horarios, los compañeros de habitación (en particular los que roncan, los que huelen mucho, los ruidosos o los desordenados), acerca de observar un estricto silencio, de tener contacto visual o no, acerca de cómo tratar a los maestros (que si hacer reverencias, que si se les puede hacer preguntas difíciles, que si el tiempo para acercarse a ellos debe limitarse, que si su personalidad y otras cuestiones neuróticas, que si hablan otro idioma, etc.), acerca de las formalidades para entrar en un recinto con imágenes (que si nos postramos tres veces o no), acerca de la presencia de iconos o no (y en todo caso, de cuáles), así como temas acerca de la ortodoxia del ritual, del dogma, de la postura, de la posición de las manos, de los rituales para la comida, de los cantos, de los votos, etc.

Esta lista no contiene cuestiones de corrupción, romances, cultos a personalidades, aventuras amorosas, enamoramientos, malentendidos en la comunicación, vendettas, escándalos, uso de drogas, cuestiones de dinero y todas esas cosas que pueden y suelen ocurrir donde quiera que haya gente. En resumen, es probable que veas surgir cualquier problema en el que te imagines que tú u otras personas pudieran tener algún enredo, si pasas el tiempo suficiente en un círculo espiritual o en un centro de retiros. Está la opción de practicar en solitario, pero eso no te liberará de verte en alguna de esas complicaciones y tiene también su propia serie de desventajas.

Lo más fundamental es comprender que la gran práctica puede ocurrir en condiciones que disten mucho de ser perfectas, en especial si nos damos cuenta de que todas las sensaciones que captamos en esta situación y todas nuestras reacciones ante ellas son dignas de investigarse y, por lo mismo, son una fuente de sabiduría esencial y muchas veces relativa, tanto como cualquier otra sensación. Rara vez he tenido lo que consideré condiciones perfectas para la práctica pero lo he hecho bien y también tú puedes hacerlo. Dicho esto, hay que señalar que algunos centros, determinados retiros y ciertos maestros son mejores que otros y conviene explorar y preguntar por aquí y por allí. Todas estas cosas pueden ser particularmente distractoras y angustiosas para quienes van a un retiro por primera vez, pues suele haber muchas expectativas ingenuas de que uno va a caminar por el Jardín del Edén, va a sentarse junto al Buda y convivirá con personas muy evolucionadas, aunque uno no reconozca que tiene esas expectativas.

Cuando vamos de retiro es posible que haya avances, sobre todo si hemos aprovechado los retiros para superar algunos de los obstáculos iniciales (montículos) y paladear un poco de lo que es posible. No menosprecies el valor que tiene una conciencia cuidadosa y honesta de lo que se va atravesando a lo largo de una vida, fuera del cojín. Por otra parte, si deseas incrementar significativamente tu posibilidad de gozar de los frutos del sendero dedícale tiempo a ir de retiro, de un modo que haga justicia a tus metas espirituales, así como a tus demás compromisos. Una de las razones por las que uno se hace monje es que sus compromisos se vuelven su práctica. Sin embargo hay muchas personas que han encontrado la manera de vivir en el mundo y aprovechar los retiros y la práctica diaria decidida para conseguir los mismos efectos. Lo cierto es que éste es un momento insólito en la historia, en el que abundan los lugares donde uno puede ir a sentarse, por muy poco dinero y obteniendo un gran apoyo para la práctica sin tener que pasar por todo el ritual, el dogma y otros líos que forman parte de la ordenación.

Algunos de mis lugares favoritos para ir de retiro son: Insight Meditation Society (IMS), en Barre, Massachusetts; Bhavana Society, en Highview, Virginia del Oeste; Malaysian Buddhist Meditation Centre (MBMC); en Penang, Malasia; Gaia House, cerca de Totnes, Inglaterra. También vale la pena mencionar los centros Mahasi, en Burma, Myanmar, como el Panditarama, en Yangon (antes mejor conocido como Rangún). Puedes encontrar cualquiera de éstos fácilmente por internet. Para quienes estén de veras interesados en practicar el estilo de Mahasi Sayadaw, como yo, son muy recomendables el Retiro de Tres Meses en la IMS (con un costo aproximado de 3,000 dólares) o unas cuantas semanas o, incluso, meses en el MBMC (unos mil dólares para volar hasta allí y luego algunos dólares por día, más donaciones por la estancia). En los dos la comida es excelente y propician una magnífica práctica. Es sorprendente en qué nos gastamos el tiempo y el dinero. Una vez, un buen amigo comentó: “Si tuvieras que voltear hamburguesas durante 13 años para reunir el dinero que se requiere para hacer el retiro de tres meses en la IMS, valdría la pena”. Yo prefiero el MBMC por razones culturales pero ambos son estupendos. Burma es un gran sitio para ir a lo auténtico, pero tiene sus dificultades en cuanto a lidiar con cuestiones gubernamentales, además de la comida grasosa, la cultura, el agua, el calor, los parásitos y los mosquitos que transmiten la malaria y uno debe considerar todo eso.

 

 

Posturas

 

Las cuatro posturas para la meditación que se mencionan en la práctica tradicional budista son: sentado, caminando, de pie y recostados. Cada una tiene su propia serie de beneficios y desventajas y cada una puede ser útil en algún momento. Visto de otro modo, lo que significa es que podemos meditar en casi cualquier posición en la que nos encontremos. Podemos estar conscientes de dónde estamos, lo que estamos haciendo y de lo que sentimos a lo largo del día. Desde un punto de vista de una visión pura en realidad no importa qué postura escojamos, pero hay algunas razones prácticas por las que podríamos elegir una u otra para la práctica formal. La elección de la postura tiene que ver ante todo con encontrar una que nos funcione en las circunstancias actuales y que vaya bien con nuestro nivel actual de energía.

La práctica de recostarse tiene la ventaja de ser extremadamente sustentable. No hace falta estar atentos para mantener una postura que, por lo general, está relativamente libre de dolor. Además, otra ventaja es que de verdad permite que llevemos la atención a las sensaciones sutiles. Tiene la particular desventaja de que muchas personas se quedan dormidas muy pronto en esa postura y por eso la mayoría prefiere sentarse. Algunos pocos (como yo) están tan naturalmente conectados que pueden meditar con claridad casi todo el tiempo cuando se recuestan y a veces puede ser que sentarse les parezca un tanto cuanto intenso y pretencioso. La manera en que uno reaccionará a la calidad energética de la postura varía con cada individuo, con la fase de la práctica y con consideraciones prácticas, como si dormimos bien la noche anterior, etc. Por lo regular no hace falta experimentar mucho para saber si recostarnos nos funcionará bien o no.

La postura clásica para meditar es sentado, pero no es tan especial como algunos quieren hacer que parezca. En este libro usaré muchas veces la frase “en el cojín” pero lo haré porque me gusta cómo suena, no porque haya algo mágico en meditar sentados. Cuando escribo “en el cojín” en realidad estoy refiriéndome a la meditación formal en cualquiera de estas cuatro posturas.

La postura sentados tiene la cualidad de favorecer más la producción de energía que si uno se recuesta, aunque produce menos energía que el estar caminando o de pie. Asimismo, puede ser muy estable una vez que aprendemos a sentarnos bien. Sin embargo, a muchas personas les parece que aprender a sentarse bien es toda una tarea en sí. Hay múltiples posturas dentro de la misma categoría de estar sentados. Por ejemplo: en una silla con la espalda sin apoyarse en el respaldo; o en silla, con la espalda recargada en el respaldo; en posición de flor de loto; en medio loto; sentado al “estilo indio” con las piernas cruzadas; en la postura “birmana” o “amigable”, que es con como con las piernas cruzadas pero con ambos pies sobre el piso, uno enfrente del otro; hincados, con o sin banquito, etc.

Las diversas tradiciones le dan una tremenda importancia a la manera exacta en que debemos sentarnos y algunas se ponen particularmente valentonas o exigentes al respecto, pero al final no es tan importante. Lo que parece más relevante es que puedas mantener la postura, que tu espalda esté bastante derecha para que puedas respirar bien y que no estés lastimándote de forma permanente. Es común tener dolores y achaques en la meditación, pero si persisten mucho tiempo ya que te levantaste, sobre todo en las rodillas, es necesario que consideres con seriedad cambiar la postura en que te sientas.

La posición de pie produce mucha más energía que la postura sentada, con la evidente ventaja de que es más difícil que uno se quede dormido si está parado que sentado. Parece que estar de pie aumenta aun más la intensidad de una sesión de meditación y puede servir cuando la energía está verdaderamente baja. Recomiendo pararse con los ojos ligeramente abiertos para no caerse, aunque hay quienes pueden hacerlo muy bien con los ojos cerrados. Si te sentaste pero ves que no puedes mantener la concentración y te gana el sueño intenta meditar de pie.

Caminar es la postura energéticamente más activa de las cuatro y proporciona además un agradable estiramiento de las articulaciones y la espalda después de haber estado sentados mucho tiempo. Sus ventajas son sus puntos débiles, en tanto que al estarnos moviendo es más fácil que estemos presentes pero también puede darse una falta de concentración estable. Algunas personas consideran que la práctica de caminar es de tipo secundario, con respecto a la de sentarse, sin embargo he aprendido por experiencia propia que se le debería mostrar tanto respeto a la meditación caminando como a la que se hace sentados. No importa tanto si caminamos rápido o lento. Lo importante es que mientras caminemos investiguemos todas las pequeñas sensaciones que involucra el caminar. Es una gran oportunidad para revisar cuáles son nuestras intenciones y la relación que guardan con nuestras acciones, ya que el caminar entraña una interacción compleja e interesante entre ambas. Si tienes problemas para sentirte conectado con la tierra mientras caminas te recomiendo que te centres principalmente en las sensaciones físicas en los pies y las piernas, sobre todo en las sensaciones del contacto entre los pies y la tierra o el piso.

 

 

Objetos para la práctica de visión clara

 

Como mencioné antes, hay muchas tradiciones que practican la visión cabal y cada una de ellas tiene sus objetos favoritos. Mientras que desde el punto de vista de la visión pura el objeto de meditación no importa, al igual que con las posturas, hay algunas otras consideraciones prácticas que tienen relación con nuestras habilidades en particular y con la fase en la que nos encontramos y vale la pena que las tomemos en cuenta. Cabe notar aquí que ningún objeto es inherentemente especial para la práctica de visión cabal en contraposición a un objeto para la práctica de concentración. La diferencia está en si investigamos o no las Tres Características en esos objetos o si ignoramos el hecho de que el objeto está compuesto de sensaciones individuales y por lo tanto lo solidificamos de manera artificial. De tal modo, puedes emplear cualquiera de los objetos que mencionaré a continuación (además de muchos otros) para cualquier tipo de práctica.

La primera pregunta es si tenemos o no una intención particular para incluir en la práctica determinado tipo de sensaciones o enfoques, es decir, si queremos hacer una práctica de “conciencia sin elección” o una práctica más estructurada. La práctica de conciencia sin elección, en la que uno investiga lo que surja, sin un foco más específico, tiene la ventaja de incluirlo todo y es muy “natural”. Sin embargo, por la misma razón es fácil que uno se distraiga y pierda la conexión con la tierra al no tener un enfoque más estructurado.

Para quienes adoptan un enfoque más estructurado los ejes sobre los que pueden avanzar son los grados en los que incluyen a las sensaciones físicas o mentales en la meditación, independientemente de que empleen un enfoque estrecho o utilicen un campo de atención más abierto y de que lleven su atención de aquí para allá o que la mantengan en el mismo sitio.

La principal ventaja que tiene intentar enfocarse ante todo en las sensaciones físicas, como la respiración, las sensaciones al caminar, los puntos de contacto con el piso o las sensaciones del cuerpo físico en general, es que son mucho menos seductoras que las sensaciones mentales. Éstas tienden a atraparnos en su contenido y sus historias, como bien lo sabe todo aquél que ha tratado de meditar. Mientras más sensaciones mentales incluyamos en nuestra práctica más material emocional y psicológico vamos a encontrar. Esto puede ser una bendición mixta. Si nuestra práctica es muy fuerte podremos entrar en ese territorio y seguir viendo la verdadera naturaleza de todas las sensaciones que lo componen. Si nuestra práctica no es tan fuerte simplemente nos vamos a empantanar y a perder en los patrones habituales del pensamiento relacionado con nuestro “material”.

De tal modo, las sensaciones físicas nos ayudan a estar aterrizados y las sensaciones mentales nos abren a entrar en los abismos de la vida mental a perdernos en ellos. Desde el punto de vista de la pura visión clara ninguna de ambas opciones es más sagrada ni una mejor fuente de la verdad. Sin embargo, cuando hacemos el experimento nos damos cuenta muy pronto de lo que nos funciona mejor. En este caso, al decir “nos funciona” quiero decir que podemos seguir viendo la verdadera naturaleza de las numerosas y veloces sensaciones que constituyen nuestra realidad.

Hay muchos otros tipos de objetos físicos que se pueden investigar, incluyendo sonidos, formas visuales y hasta olores y sabores. Algunas personas tienen la inclinación natural a investigar las sensaciones de una puerta de los sentidos en particular. Hay un monje en Birmania que les recomienda a sus alumnos que utilicen los tonos altos que llegan al oído como un objeto y en ocasiones me ha parecido muy útil e interesante hacer eso. Más que parecer un tono continuo podemos oír cada pequeña sensación sonora individual como una entidad discontinua. Asimismo podemos tomar como objeto a las formas visuales, como por ejemplo los colores en la parte interna de nuestros párpados o, si es que tenemos los ojos abiertos, cualquier sensación visual que se halle presente. También éstas son impermanentes y si lo hacemos bien podemos ver incluso cómo nuestro mundo visual se presenta como los cuadros de una película.

Otra cosa que hay que considerar es si vamos a emplear un foco de atención reducido o amplio. La ventaja de un foco de atención más reducido es que puede excluir muchas distracciones. Podemos llegar a ser muy buenos viendo determinados tipos de objetos que seleccionamos, como por ejemplo las sensaciones de la respiración en el abdomen o en la punta de la nariz y eso está muy bien y hasta puede ser muy buena idea. Esa práctica enfocada se recomienda como rutina y algunas personas, como yo, tienen una inclinación natural hacia este estilo.

A otros les parece que esta práctica los vuelve demasiado rigurosos e irritables. Sin embargo, hallan que les va mucho mejor con un campo de atención más amplio e inclusivo. Son cosas que varían con cada persona y situación y si somos honestos con nosotros mismos podremos saber lo que nos funciona y lo que no. La ventaja que tiene un campo de atención amplio es que necesitamos esforzarnos menos en mantenernos enfocados y podemos estar más presentes a lo que surja de manera natural. La desventaja es que podemos hacernos unos meditadores muy flojos y extraviarnos en pensamientos. Hay que tener en cuenta estas ventajas y desventajas.

Hay prácticas, como el escaneo del cuerpo, que mantienen la atención moviéndose todo el tiempo. Esto puede ser muy útil ya que nos mantiene ocupados con nuevas e interesantes sensaciones y puede evitar que nos atoremos en la idea de que estamos teniendo nuevas sensaciones cuando en realidad sólo estamos recordando viejos patrones. Sin embargo, estas prácticas tienen la desventaja de que a veces carecen de la auténtica precisión de una atención honesta que sí se da cuando permanecemos enfocados en áreas más restringidas. Podemos terminar prestando más atención a estar moviendo nuestra atención que a investigar con claridad lo que nuestra atención revela. Una vez más, hay a quienes les va bien con las prácticas en las que se mueve su atención y quienes parecen prosperar más si mantienen la atención en un mismo sitio.

Cabe notar que quizá no siempre sepamos con precisión qué es lo que más nos conviene. Puede ser que escojamos prácticas con las que nos sentimos bien justamente porque no nos pegan en lo más necesario; no nos dejan investigar con claridad las desconcertantes verdades de la impermanencia y el sufrimiento. No atacan nuestro sentido de identidad de un modo que en verdad corte el hueso. Asimismo es posible que elijamos tradiciones rigurosas y muy dolorosas porque nos imaginamos que eso es lo importante, aun cuando esas tradiciones no aporten investigaciones claras de la verdad de nuestra experiencia real. Así pues, es recomendable trabajar con buenos maestros que puedan aconsejarnos y que nos ayuden a no dormirnos en nuestras ilusiones. Dicho esto, algunos maestros sólo enseñan una práctica, que por lo regular es la que a ellos les funcionó. Si se trata de una técnica que también a nosotros nos da resultado, excelente, pero si no, quizá deseemos investigar otras tradiciones y técnicas.

En una anotación que hice y que venía a colación hablé a favor de que hay que figurarse qué es lo que mejor nos funciona, considerando cómo estamos constituidos y en dónde nos encontramos. No obstante, recomiendo moderación al respecto. Por ejemplo, te sientas a meditar y de pronto decides ponerte de pie porque estás sintiendo sueño y ya que te sientes mejor, al poco rato, te sientas otra vez pero un minuto más tarde te parece que no te agrada ese dolorcito en la rodilla y mejor te acuestas y así. Lo más probable es que una práctica como ésa te sirva de muy poco. Lo adecuado es que elijas una postura y te mantengas en ella dentro de la razonable. Lo mismo en cuanto a los objetos de la meditación, sobre todo si apenas empiezas a practicar. Podríamos decir mucho acerca del cultivo de este nivel básico de autocontrol y disciplina. Si no lo tenemos podemos terminar cambiando nuestros hábitos de práctica cada vez que nuestra investigación empiece a dar cerca del blanco.

 

 

Resolución

 

Eso me lleva al tema de la resolución. Recomiendo mucho desarrollar la libertad de elegir lo que llegue a tu vida derivado de la disciplina. Es común que la gente piense que la disciplina es lo opuesto a la libertad, pero yo equiparo a ambas de diversas maneras. La disciplina y la resolución nos permiten hacer elecciones acerca de lo que hacemos y mantenernos con firmeza cuando aparecen las dificultades. Por eso recomiendo que cuando designes un periodo para determinado entrenamiento te hagas el propósito de que durante ese tiempo te dedicarás al entrenamiento específico que has decidido y que te entregues a ello de todo corazón.

Sin una disciplina, sin una resolución formal, es fácil que te encuentres en una situación como ésta: Te sientas en el cojín con la vaga intención de hacer algunas prácticas de visión clara y empiezas tratando de investigar, pero pronto ves que ya estás pensando en cómo le vas a hacer para pagar la luz, el gas, el alquiler. Entonces sientes que te duele la rodilla y sintonizas la dicha jhánica de bajo nivel que has tenido la habilidad de cultivar. De pronto sientes hambre. Te levantas y te preparas un sándwich. Ahora piensas: “¿Qué estoy haciendo aquí comiendo este sándwich? ¿No estaba haciendo mi práctica de visión clara?” No eres libre. Lo que hacemos en cambio es forcejear. Sin disciplina, sin resolución, es improbable que consigas vencer algunos de los difíciles obstáculos que hallarás entre ti y el éxito en cualquiera de estos adiestramientos.

He descubierto que es muy valioso, sobre todo cuando me siento a practicar la meditación formal, decirme con exactitud al inicio de la sesión qué es lo que estoy haciendo, qué espero alcanzar con ello y por qué es buena idea lograr eso. Me lo digo con claridad y formalidad, ya sea en voz alta o en silencio. He practicado con y sin resoluciones y he llegado a la conclusión de que las resoluciones formales pueden hacer una gran diferencia. Una de mis resoluciones favoritas va más o menos así: “Tomo la decisión de que durante esta hora investigaré de manera consistente las sensaciones que componen la realidad, para alcanzar visiones claras liberadoras, en beneficio mío y de todos los seres”.

Este tipo de resoluciones le añaden mucho foco y conciencia a mi práctica. Estimulan mi energía, me aclaran mis intenciones y al parecer funcionan también en un nivel más subliminal o subconsciente para ayudarme a mantenerme en el carril. Asimismo he notado que puedo utilizar resoluciones en mi vida diaria para obtener un buen efecto. Por ejemplo, cuando estudio para un examen en la escuela de medicina puedo hacerme el propósito: “Durante esta hora estudiaré este programa de estudios de hematología para aumentar mi conocimiento y mis habilidades como aspirante a médico y de ese modo será menos probable que mate a mis pacientes y más factible que les ayude”.

Resoluciones como éstas pueden parecer demasiado formales o quizás incluso bobas y así es como a veces me parecen a mí, pero he llegado a apreciarlas de cualquier manera. Si hago resoluciones que no me suenen auténticas puedo sentirlo cuando las enuncio y eso me ayuda a comprender mi propio sendero y mi corazón. Si ando perdido y me pregunto por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo, este tipo de propósitos me ayudan a reconectarme de un modo consciente con lo que es importante en la vida. Te recomiendo que intentes hacer este tipo de resoluciones en tu propia vida, al menos para que puedas ver si te sirven de algo. Soy un gran aficionado a las resoluciones formales, pero ve qué es lo que a ti te funciona.

 

 

Maestros

 

Hay muchos tipos de maestros, de las más diversas tradiciones. Algunos son muy ordinarios y otros parecen irradiar espiritualidad por cada poro. Algunos son simpáticos, algunos indiferentes y algunos pueden parecer sargentos en un campo militar. Algunos enfatizan en la confianza que hay que tener en el propio esfuerzo y otros enfatizan en la confianza que hay que tener en la gracia del gurú. Algunos están siempre cerca y dispuestos a verte y algunos quizá vivan muy lejos, den pocas entrevistas o tengan tantos alumnos compitiendo por un poco de su tiempo que rara vez tendrás la oportunidad de hablar con ellos. Algunos parecen encarnar los más altos ideales de la perfecta vida espiritual en cada momento de su existencia, mientras que otros pueden manifestar muchos caprichos, defectos y errores evidentes. Algunos se ciñen a rígidos códigos morales en tanto que otros llevan más allá los límites de las convenciones y costumbres sociales. Algunos son ya muy ancianos y algunos probablemente sean muy jóvenes. Algunos quizás exijan estrictos compromisos y obediencia mientras que a otros casi no parece importarles en absoluto lo que hagamos. Algunos posiblemente recomienden prácticas muy específicas, afirmando que su estilo es el único o el mejor, mientras que otros quizás tomen de diferentes tradiciones o estén abiertos a que hagamos eso. Algunos destacan nuestros logros mientras que otros probablemente se centren en nuestras fallas.

Algunos quizás hagan énfasis en la renuncia o incluso en que hay que ordenarse como monjes, mientras que otros parecen estar implacablemente comprometidos con “el mundo”. Algunos cobran un saco de dinero por sus enseñanzas mientras que otros las otorgan gratis. A algunos les gusta la erudición y la terminología rebuscada en la meditación mientras que otros probablemente nunca utilicen estos términos formales y marcos de referencia conceptuales o hasta los desprecien francamente. Algunos maestros pueden ser más como amigos o tratarte como alguien igual que sólo desea ayudarte a aprender algo para lo que ellos son buenos en tanto que para otros son muy importantes las jerarquías, estatus y el papel del maestro. Algunos hablan sin problemas sobre logros y otros no. Algunos maestros son muy predecibles en sus modos y en su estilo de enseñar mientras que otros se mueven dentro de un amplio rango de maneras extrañas e impredecibles. Algunos pueden parecer muy tranquilos y benignos mientras que otros pueden parecer bulliciosos o pendencieros. Algunos quizá se muestren muy humildes y sencillos mientras que otros pueden parecer particularmente arrogantes y presuntuosos. Algunos son carismáticos mientras que otros no se desenvuelven muy bien en un ambiente social. Algunos están muy dispuestos a darnos consejos y otros sólo escuchan y asienten. Algunos parecen la viva encarnación del amor y otros quizá nos regañen una y otra vez. Algunos maestros pueden congeniar instantáneamente con nosotros mientras que otros nos dejan como cubos de hielo. Algunos maestros pueden estar dispuestos a enseñarnos y otros no.

Que yo sepa, nada de esto tiene relación en absoluto con la capacidad que ellos tengan para la meditación ni con la profundidad de su comprensión. O sea que no hay que juzgar a un maestro de meditación por su apariencia exterior. Lo importante es que su estilo y su personalidad nos inspiren para practicar bien, para vivir como queremos, para buscar lo que deseamos encontrar y para entender lo que queremos entender. Algunos andamos errantes durante un tiempo antes de hallar a quien nos acomode. Algunos buscamos la guía en los libros, leyendo y practicando sin las ventajas o las molestias de tener a un maestro. Algunos parece que encontramos afinidad con determinada práctica o maestro, tratamos de seguirlos unos años y sin embargo no llegamos a nada. Otros parecemos volar descuidadamente. Una de las cosas más interesantes acerca de la realidad es que llegamos a ponerla a prueba. De uno u otro modo acabaremos por ver qué nos funciona y qué no, qué pasa cuando hacemos ciertas prácticas o seguimos el consejo de determinados maestros y qué es lo que pasa cuando no.

Algo más acerca de los maestros es que ellos sólo saben lo que saben. Si utilizamos el campo de aplicación de los Tres Entrenamientos para examinar esto podemos descubrir que algunos maestros tienen una buena comprensión de algunos de estos campos pero de otros no. Lo cierto es que el que alguien tenga cierto dominio en determinada área no garantiza que también domine las otras áreas. Vale la pena ser realista en este aspecto, así que volveré a este tema más adelante. Asimismo, cuando interactuamos con los maestros quizá queramos considerar de cuál de los cuerpos de conocimiento que ellos manejan deseamos aprender algo, es decir, en cuál de los Tres Entrenamientos queremos que nos ayuden. De hecho, creo que es muy importante tener esto claro de manera explícita, de modo que cuando vayamos a hablar con un maestro podamos hacerle preguntas desde el marco de referencia conceptual correcto y que podamos de igual modo ubicar su consejo en el marco de referencia correcto. Si le preguntamos a un maestro cómo llegar a un estado elevado y él nos habla de sintonizarnos con una alegría sin límites y entonces tratamos de hacer eso cuando vamos conduciendo el auto rumbo al trabajo y chocamos con la parte trasera del auto de un pobre oficinista, entonces no hemos seguido su consejo adecuadamente.

De igual manera, es posible que queramos preguntarle a nuestros maestros de forma explícita qué tan entrenados están en determinado aspecto que nos interesa dominar y en qué nivel se encuentran. No siempre podemos confiar en que nos dirán la verdad, ya sea porque se engañen a sí mismos o porque quieran engañarte, pero si nos dicen algo así como: “No, mi conocimiento no es tanto como para hablar en ese nivel, pues mis propias capacidades no llegan aún a tanto”, al menos sabrás entonces que deberás buscar consejo en otra parte. Respeto mucho más al maestro que me dijo una vez que no se sentía calificado para enseñarme que a los numerosos maestros que no estaban calificados para enseñarme pero que no se daban cuenta de eso o intentaron fingir que sí lo estaban.

De igual forma, te recomendaría hacer específicas tus metas para la vida y la práctica. Por ejemplo, si deseas obtener un empleo lavando platos para poder seguir alimentándote, vas con tu maestro de meditación y le preguntas: “Quiero conseguir trabajo lavando platos. ¿Sabe cómo puedo hacerlo?”

Quizá te responda, “sí”.

A eso podrías preguntarle: “¿Cómo lo sabe?”

Él podría perfectamente haber respondido: “No tengo idea, yo sólo soy un maestro de meditación, no un consejero vocacional o un gerente de restaurante”.

Podríamos reproducir el mismo patrón básico de conversación para los otros dos entrenamientos. Por ejemplo, podríamos preguntarle a un maestro de meditación: “Deseo aprender a entrar en los primeros estados de concentración. ¿Sabe cómo hacer eso?” Podríamos preguntar asimismo: “¿Deseo alcanzar la primera etapa de la iluminación. ¿Sabe cómo puedo hacer eso?” Si nos dicen que sí, la siguiente pregunta sería: “¿Cuáles son los pasos específicos que podrían producir ese resultado?” Este modo directo de abordar la espiritualidad es extremadamente práctico y potenciador. Además hace que las interacciones con los maestros sean más fructíferas.

Esto me lleva a otro punto: por lo general los maestros pueden notar si tus intenciones son serias y si has pensado con claridad qué es lo que quieres. Por ejemplo, a un maestro de meditación le tomará un par de segundos saber si quien le está pidiendo un consejo acerca de su situación emocional está interesado en trabajar sobre una felicidad convencional y no le interesa aprender prácticas de visión clara. De igual modo, le bastará con unas cuantas conversaciones con el alumno para descubrir si está siguiendo su consejo o no. Así que no trates de engañarlo. Si no te gusta su consejo es mejor que se los digas y que les aclares por qué, para que ellos decidan si pueden modificarlo o explicarte un poco más por qué su consejo podría ayudarte.

Además, si sigues su consejo pero alteras algunas partes o seleccionas algo y añades otras cosas y luego descubres que esta forma de funcionar no te está produciendo los resultados esperados guárdate de criticar al maestro o al método, ya que no hiciste el experimento que se te recomendó. Por ejemplo, si te dijera que debes estabilizar tu atención en cada sensación que compone la experiencia de la respiración con tanta claridad que puedas ver el comienzo y el final de cada sensación de un modo consistente durante una hora y, en cambio, haces otra cosa o dejas de hacer la práctica antes de lograr lo que se te dijo, entonces no los culpes si no consigues los resultados prometidos. Si te has encontrado con circunstancias externas que te han impedido hacer la práctica, la decisión de no llevarla a cabo es evidentemente tuya y de tal modo deberías aceptar la responsabilidad personal de tu propia falla. No trato de ser duro sino sencillamente realista. Es obvio que creo firmemente que las personas deberían responsabilizarse de lo que sucede en su vida y su práctica. No hacerlo equivale a restarse empoderamiento uno mismo.

Todos estos consejos sobre las prácticas y los maestros pueden parecer un tanto cuanto abrumadores pero es muy recomendable que nos reconectemos con las bases, las sencillas verdades de la vida spiritual. Para ello...

 

10. Resumen

 

Mientras más practiquemos ser amables y compasivos más nos conectaremos con la naturaleza fundamental de nuestro corazón y mejor será nuestra vida convencional.

Mientras más practiquemos ser claros y ecuánimes más nos conectaremos con la verdadera naturaleza de nuestra mente y ésta será más sana.

Mientras más practiquemos la comprensión de las Tres Características de cada pequeña sensación que compone nuestra realidad más penetraremos en la naturaleza fundamental de la realidad y más cerca estaremos del despertar y de liberarnos del sufrimiento fundamental.

11. Conclusión de la Primera Parte

 

La gente ha notado que en nuestra sociedad ya no se le da tanta importancia a la poesía. Dicen que cada vez aumenta más el deseo de obtener mucha información, prontas imágenes y rápidos fragmentos de sonido. Estamos buscando más y más de prisa, quizás a expensas de ver con mayor profundidad.

En lugar de sentarnos un rato leyendo un soneto de Shakespeare, sólo apreciando su belleza y su sentido, podríamos leer rápidamente diez sonetos suyos y sentirnos entonces un poco atontados. De igual forma, uno podría leer un librito denso como éste sin detenerse a ponderar cada párrafo y por lo mismo obtener quizás poco de él. Asimismo podemos estar tratando de buscar constantemente el siguiente maestro, libro, escenario espiritual, técnica, incienso, mantra, vestuario o doctrina que nos den la gran I. Es posible tener resultados rápidos pero nadie promete algo acerca de la rapidez que habrá en el progreso. El verdadero avance vendrá sólo cuando nos establezcamos en las bases, en este momento y profundicemos.

Estas listas son una buena fuente de las enseñanzas básicas que bastan para hacer el truco. Profundiza en ellas o encuéntralas en otra forma, quizás en otra tradición y profundiza en ellas. Desacelera. ¡Afírmate en estas sencillas verdades, reflexiona y luego practica con diligencia! Puede ayudarte contar con buenos maestros. Casi son una necesidad y son muy recomendables, pero el trabajo lo tienes que hacer tú. Tienes que entender y entonces deberás hacer esto una y otra vez. Acostúmbrate a ello, ya que puede ser una gran aventura.

A veces a la gente le cuesta trabajo creer que lo que está buscando se encuentra justo aquí, en su experiencia. Ya está aquí, exactamente ahora, en tu propia experiencia, en tu corazón, tu mente y tu cuerpo. Son estas sensaciones ahora mismo, que están empapadas con la verdad. Perdóname, pero aquí estoy otra vez, en mi plataforma improvisada. Hay tanto sectarismo completamente inútil y nocivo en el mundo espiritual, dentro del budismo y entre el budismo, así como en otras tradiciones espirituales. Las personas llegan a clavarse muy profundo en su viaje particular y desdeñan los demás trayectos espirituales, que son perfectamente buenos. Es la fe fuera de equilibrio la que causa la rígida adhesión a un dogma, ¿no? Es la falta de comprensión de lo que son las bases y de lo que son las trampas inevitables y los énfasis individuales de cada tradición.

Éstas son las bases. Donde quiera que te encuentres con una tradición que cuente con los componentes de al menos una de estas listas, sin importar cómo los llamen o cómo los formulen, habrás encontrado una tradición con el potencial para el despertar. Seguro que, en efecto, hay mucha espiritualidad chatarra por ahí, pero también hay mucha buena calidad.

Insisto, cada tradición tiene sus pros y sus contras y algunas pueden tener guarniciones y ornamentos culturales que te gusten o no pero no le des tanta importancia a eso.

Mejor mantén en tu mente lo básico. Cada tradición válida puede ayudarnos a ver un poco más dentro de la verdad y es posible que con el tiempo sintamos alguna afinidad con una enseñanza o una tradición, una y otra vez. Asimismo, podemos elegir una tradición sin ser sectarios al respecto y profundizar en ella, en la sencillez y claridad de sus bases, utilizando sus extrapolaciones, elaboraciones e interpretaciones para volver cada vez más profundo a las simples verdades. Podemos interactuar en el mundo ordinario con la verdad de este momento. Eso nos dará poder y quizá nos despierte.

Que esto que he escrito sea para beneficio tuyo y de todos los seres y que tanto tú como todos ellos logren comprender la sencilla verdad de las cosas en esta misma vida.

Segunda parte: Luz y sombras

 

12. Introducción a la Segunda y Tercera Parte

 

Algunos de los capítulos en la segunda y la tercera parte tienen un tono filoso. Lo he hecho deliberadamente, pero no con la intención de lastimar los sentimientos de nadie. Hay muchos lados sombríos en el budismo y en las tradiciones místicas en general. Aquí hablaremos de algunos de ellos. Es posible que utilizar un tono más filoso nos ayude a arrojar un poco de luz sobre ciertos puntos que tienden a no mencionarse o a ser deficientemente tratados. Quizá también sirva para provocar un debate positivo y muchas interrogantes, en vez de ocasionar que nos contraigamos innecesariamente en el temor y el dogma. Sin embargo, debo advertir que buena parte de los próximos tres capítulos contienen mucho de ese filo. En esos capítulos no hay información que sea esencial para cualquiera de las prácticas básicas, así que si no te sientes de humor para aguantar comentarios sociales en verdad pesados y mordaces sobre el budismo occidental, por favor sáltate de una vez hasta el capítulo titulado “Una meta clara”.

La razón práctica para incluir la segunda parte es que algo que ocurre muchas veces entre tratar de aplicar las bases de la meditación técnica, de lo cual hablamos en la primera parte y acceder con éxito al auténtico terreno de la meditación, de lo cual hablaremos en la tercera parte, es que nos encontramos dentro de la corriente principal de la cultura del budismo occidental y las comunidades que se desarrollan alrededor de éste. Necesitamos apoyo, amigos que estén en lo mismo que nosotros, buenos maestros y lugares para practicar. Deseamos estar en compañía de otros aventureros y no andar tanto como errantes solitarios en tierras extrañas. Desafortunadamente, mucho de lo que encontramos no es particularmente conducente a la aventura ni a la exploración profunda.

Por lo tanto, como una pequeña voz que disiente de la marea, he incluido la segunda parte para ayudarle a quienes quieren profundizar más que los demás y evitar los numerosos desvíos culturales y voces desalentadoras que intentan alejarlos de sus metas. Es en buena parte una lista de las cosas que me molestan, pero yo estoy feliz de tener mis propias neurosis y de dejar que se manifiesten. Puede ser que me esté engañando pero creo que esta sección, si bien un tanto cuanto severa y quizás irrespetuosa, puede ayudarle a alguien que quiera ir en contra de la corriente y convertirse en un verdadero maestro de la meditación.

Los verdaderos peligros de utilizar un tono filoso son que alejaré a los lectores que sienten que un tono así no les ayuda y a los que de veras podrían beneficiarse de que les hable así pero que no están dispuestos a admitirlo. Lo peor es que puede ocasionar que otros estén muy de acuerdo y piensen: “Sí, por supuesto; aun cuando este tipo Daniel a veces escribe como un lunático rabioso me parece que él y yo estamos del mismo lado. Los dos sabemos qué es lo que está pasando. Son aquellos otros los que ciertamente necesitan oír esto”.

Todos necesitamos oír lo que se señala en este libro (y me incluyo) aunque no sea precisamente en el estilo con el que lo digo aquí. Los ideales y estándares que presento en este libro son muy elevados, para que puedan aplicarse de manera universal. Además, las diversas trampas y artimañas que aquí exhibo son tan comunes que todos tenemos que estar atentos, reflexionando con regularidad y honestidad para entender cómo es que hemos vuelto a caer en ellas.

Existe una buena cantidad de libros acerca del Dharma bastante dignos de leerse, muy útiles y de tono amistoso. Por ejemplo, la obra maestra enciclopédica de Jack Kornfield, Camino con Corazón. Muchos de esos libros contienen abundantes y brillantes frases que, en esencia, se supone que deberían impresionar y confundir al lector, dando en el blanco de su sentido de identidad con la letal precisión de un maestro de la arquería zen. Sin embargo, como han sido escritos con un estilo que los hace completamente accesibles, esas frases casi tienen el efecto contrario y lo que ocasionan en el lector es un confort sentimental con enunciados que deberían haberlo detenido en sus proverbiales huellas y provocado que se planteara interrogantes muy profundas.

Me he cansado de que la gente repita profundas frases acerca del Dharma de manera rutinaria tomadas de esos libros como si eso representara su comprensión cuando en realidad no tienen idea de lo que significan. Parece que les da un falso confort poder repetir como pericos lo que dicen los maestros. Puedo entender el atractivo que hay en comportarse así, pues yo mismo lo he hecho en muchas ocasiones, pero me esforzaré por procurar que las siguientes dos partes de este libro no contribuyan a ese fenómeno. Para ello he escrito deliberadamente algunas secciones de la segunda y tercera partes en un estilo diseñado para sonar combativo y abrasivo. Además, debo admitir que ha sido divertido escribir de ese modo.

Cabe notar que si ya leíste la primera parte (que traté de hacer muy “accesible”) y no te pasmaste ante la desconcertante profundidad de las afirmaciones que hice en casi cada página, entonces o no necesitas leer este libro o caíste en la trampa que acabo de mencionar arriba. Pienso que la mayoría de los practicantes podrían y deberían estar mucho más cómodos si admitieran lo que no saben y buscaran clarificación. Las veces en que yo mismo no he hecho eso han sido siempre en mi perjuicio.

En las siguientes dos partes mencionaré con frecuencia estados y logros superiores muy específicos, con la intención de tratar, de alguna manera, de reenfocar el budismo en aquello que va más allá de la filosofía, la psicología y la religión dogmática. Es la iluminación completa la que, al final, marca la diferencia y, según el mismo Buda, fue la razón para todo esto. Lamentablemente, incluso los adultos más racionales pueden perder de repente la capacidad de mantenerse en contacto con la realidad ordinaria cuando se emplea ese lenguaje, así que haré lo mejor que pueda para contrarrestar eso y devolver las cosas a la tierra, siempre que sea posible.

Casi se ha vuelto un tabú entre muchas comunidades de meditadores mencionar que uno ha tenido un logro o un dominio en esta materia y esto es algo muy desafortunado e, incluso, completamente ridículo y espantosamente irónico. Hablaremos en uno que otro momento de algunas de las razones por las que sucede esto, así como también de lo que podemos hacer al respecto. Sin embargo, si queremos tener una norma clara que nos indique si estas técnicas y enseñanzas nos están funcionando es vital que tengamos un conocimiento completo de lo que es posible y de lo que puede esperarse que pase en aquéllos que en realidad hacen bien la práctica. Ésa es la principal razón para haber escrito la tercera parte. Recuerda que estás leyendo un libro que se llama “El Dominio de las Enseñanzas Centrales del Buda”. Ha sido escrito bajo el supuesto de que el lector en verdad quiere hacer esto.

Dicho lo cual, es probable que haya lectores que piensen que casi todo lo que he escrito en la tercera parte, donde detallo las etapas de la iluminación, los alcances de la alta concentración e incluso terrenos más inusuales, es pura fantasía, mito, dogma e insensatez. No tengo mucho que decirle a esos lectores, excepto que, evidentemente, este libro no ha sido escrito para ellos.

Espero que te darás cuenta de las dificultades inherentes al lenguaje, los conceptos, las doctrinas y los mapas del terreno espiritual. Son todas ellas herramientas particularmente toscas, incluso cuando se les use en todo su potencial y es improbable que haya pasado eso aquí. A pesar de que utilizaré con frecuencia un tono que implica certeza, hay que decir que nada de lo que yo escribí en estas páginas es una verdad absoluta. En el mejor de los casos el lenguaje es una herramienta útil, aunque por su misma naturaleza divide de manera artificial, reduce y simplifica exageradamente.

Con suerte cada quien se enfocará en lo pragmático y no en lo que es absolutamente correcto desde un punto de vista arbitrario. Lo más importante es practicar y vivir la experiencia directa. Cuando hayas comprendido por ti mismo podrás reírte de mis esfuerzos con justa razón. 

 

13. El budismo vs. el Buda *

 

Alguna vez uno de mis maestros comentó: “¡El budismo y el Buda han estado en desacuerdo desde hace 2,500 años!” Son palabras muy cínicas pero muy apropiadas. Lo que enseñó el Buda fue, en realidad, extremadamente simple y, como práctica, fue algo particularmente carente de adornos y, en general, muy difícil, si bien manejable. Si alguien tiene la oportunidad de leer los textos originales verá una y otra vez que lo que enseñó el Buda fue generalmente práctico y no dogmático, como podría esperarse. Ante todo dijo: “Haz estas cosas que señalo de manera específica y obtendrás estos resultados específicos”. No utilizaba rituales, ceremonias ni filosofías si éstas no obedecían a un propósito práctico.

Ahora bien, es verdad que las cosas se fueron haciendo un poco más complejas y religiosas en los últimos años de su enseñanza, cuando se estableció el vinaya, el código de conducta para los monjes. El Buda dijo que las reglas y normas que añadió eran una respuesta a la creciente cantidad de discípulos de baja calidad con los que había tenido que trabajar en los últimos años de su vida y a los problemas inherentes a dirigir una gran organización. Sin embargo, tras la muerte del Buda, el proceso de llevar sus enseñanzas desde un camino práctico para el despertar a un número de religiones ritualistas alcanzó nuevos extremos de dogma y división. Asimismo, es también cierto, sin embargo, que se han añadido muchas variaciones valiosas y prácticas sobre las enseñanzas y técnicas fundamentales que han aportado un gran beneficio a muchos que en verdad las han seguido y no sólo se pusieron a hablar de ellas.

En general, cuando las enseñanzas místicas se convierten en religiones se les adhieren muchas cosas diferentes dependiendo de las normas culturales que prevalezcan, de la actitud que tenga el gobierno de ese momento con respecto a las enseñanzas, de qué tan bien o mal las hayan comprendido los que las enseñan y de las presiones económicas. El cristianismo como dogma (y no como tradición mística o como una serie de prácticas espirituales, por ejemplo sentarse en el desierto 40 días enfrentando a los propios demonios y encontrándose con Dios) es tan sólo un aterrador ejemplo de esto, aunque quizá no sea más temible que las religiones del budismo. Al igual que el cristianismo muchas veces parece tener poco que ver con aquello de lo que estaba hablando Jesús (y prácticamente nada que ver con hacer las mismas prácticas que él hizo ni con vivir como él vivió), también el budismo con frecuencia parece haberse olvidado por mucho cuáles fueron las enseñanzas centrales del Buda.

A medida que el budismo fue llegando a Estados Unidos una nueva capa de polvo cultural comenzó a cubrirlo. La mayoría de este polvo guarda cierta relación con los aspectos sombríos de la psicología occidental y los del movimiento de la Nueva Era. No obstante, también hay señales de que algunos aspectos del budismo que ya se habían enmohecido y calcificado en sus países de origen han respirado aires de salud y vida nueva. Estos ornamentos extras no necesariamente son todos nocivos en sí, pero pueden diluir la cantidad de información práctica acerca de cómo despertar, porque nos llenan de todo tipo de información que poco tiene que ver con el despertar y quizá hasta constituya un impedimento para hacerlo. Eso entonces puede terminar llevándonos a un énfasis menos que completo con respecto a los tres entrenamientos fundamentales en la moralidad, la concentración y la sabiduría, que son todo una gran y complicada empresa, incluso en sus formas más sencillas. Yo tuve mucha suerte al haber aprendido mucho sobre la gran tecnología de la meditación budista, bastante tiempo antes de llegar a conocer la cultura de la corriente principal del budismo occidental. Sé cómo obtener buen provecho de lo primero y, en cuanto a lo segundo, pues sigue leyendo.

Es cierto que el entrenamiento budista puede adoptar muchas formas válidas y eso está bien y es muy bello, ya que diversos métodos de adiestramiento pueden ser apropiados para diferentes meditadores en diferentes épocas. El “relleno” añadido de la tradición y la religión puede servir de respaldo y comodidad para la mayoría de las personas, quienes de veras parecen preferir contar con una especie de base dogmática, mítica o cultural para empezar a trabajar.

Las tradiciones y los marcos conceptuales estandarizados también pueden proporcionar los medios para que la gente pueda comunicarse sus experiencias y técnicas, que de otra manera resultarían muy difíciles de explicar con claridad. Tengo un amigo de otra tradición mística y él sabe muchas cosas que me parecen útiles e interesantes, pero nos tomó meses poder empezar siquiera a alinear nuestra terminología de modo tal que ambos pudiéramos obtener algún beneficio de lo que había comprendido el otro.

Sin embargo, estos marcos conceptuales y aderezos también pueden producir la gran cantidad de sectarismos inútiles, nocivos y divisorios que existen en el budismo y entre las diversas tradiciones meditativas o místicas, así como todos esos esfuerzos dedicados a cosas que no producen ninguna libertad y que pueden ocasionar otras formas de sufrimiento. Cada vez que salgo de la protección del capullo de mi pequeña vida académica y entro en el áspero y trastornado mundo de interminables escenas de dharma sectario y mezquino me quedo pasmado otra vez ante la fijación que puede tener la gente acerca de las ínfimas diferencias entre su tradición y otras tradiciones que se parecen tanto a la suya que sólo pueden distinguirse por la ropa y la terminología que utilizan. No puedo decirte lo desgastante que es. En ocasiones me pregunto cómo es que esas personas, que de otra manera se comportarían de un modo amable y razonable, pueden soportarse ellas mismas o unas a otras con esos modos que se traen. Todos queremos ser especiales pero, por favor, te suplico que busques una manera de ser especial que le permita a los demás también ser especiales. Es eso lo que tienen en común los grandes caminos místicos que los hace especiales. Garantizan que las diferencias serán fundamentalmente 100% irrelevantes.

Dicho esto, voy a dar un giro y atacar aspectos culturales que no van hacia el despertar ni a dominar aquello de lo que hablaba el Buda. Esto es budismo, después de todo, y parece natural que yo debiera estar en lo mismo que estaba ese muchacho. He escuchado ya demasiadas conversaciones entre miembros de diferentes tradiciones místicas y podría resumirlas así: “Mi dogma y mis ideales son mejores que tu dogma y tus ideales”. Peor aun son aquellas raras y sorprendentes pláticas que podrían sintetizarse de esta forma: “Mi dogma y mis ideales son mejores que tus auténticas comprensiones y tus profundas visiones”. Es aterrador.

Hay un movimiento en Occidente que es una reminiscencia de los objetivos originales del Buda en los primeros días de su enseñanza y que apunta a divorciar por completo a la tecnología de la meditación y los entrenamientos básicos centrales del budismo de la religión y el ritual. Soy un gran fan de este movimiento, en la medida en que no ocasione que la gente deseche demasiado del marco referencial conceptual budista original que es útil para el dominio de estas prácticas. Asimismo, hay un movimiento en Occidente que busca tomar la tecnología meditativa del budismo e integrarla a todo, desde el catolicismo a la psiquiatría, pasando por la caprichosa franja de la Nueva Era. En lo particular yo no tengo mayor problema con esta tendencia, en tanto que las personas se den cuenta de que podrían separar estas tecnologías de esas tradiciones con la misma facilidad y seguir contando con algo que les fuera de utilidad y eficacia.

Hay otro movimiento relacionado con esto en Occidente y que consiste en hacer que el budismo sea algo para cada quien. Desafortunadamente lo que está ocurriendo es que se está diluyendo ese budismo para poder conseguir que resulte atractivo para todos. El resultado es algo muy similar a lo que ocurre en lugares como Tailandia, donde la mayoría de la gente “practica el budismo” de un modo ampliamente devoto y dogmático. En Occidente esto se traduce en personas que “practican budismo” volviéndose neuróticas en cuanto a lo que se refiere a ser budista y acumulan montones de libros bonitos y costosos artículos, aprendiéndose nuevas palabras con las que puedan alardear, a la vez que se sientan en un cojín dedicándose a cualquier devaneo psicológico de forma libre mientras hacen algo que en nada se parece a una práctica de meditación. Quizá no aspiren a alcanzar ningún nivel de maestría en absoluto y nadie les haya dicho jamás para qué se diseñaron en realidad esas prácticas.

Por lo tanto, su meditación es ante todo una forma de devoción, algo que por fuera parece meditación pero que consigue muy poco. En resumen, no es más que otro adorno espiritual, si bien uno que puede aportarles ciertos beneficios sociales. Muchas personas parecen haber sustituido la incomodidad del banco de la iglesia por la incomodidad del zafu, aunque los resultados y las motivaciones siguen siendo casi los mismos. Es una imitación de la meditación que se hace porque ésta parece ser algo bueno y noble que uno debe hacer. Sin embargo, es una meditación diseñada por aquellos “maestros” que quieren que todos puedan sentirse bien y que están haciendo algo “espiritual”. Cierto es que desacelerar y estar en silencio un tiempo es muy bueno para una persona, pero he de decir que aparte de esto y de algunos beneficios cardiovasculares por lo regular casi no hay nada que valga la pena al hacer una práctica de ese tipo. De acuerdo, no andan por ahí fumando crack pero, ¿por qué acercarse tanto a lo auténtico y no hacer entonces las prácticas que de verdad significarían una diferencia?

Muchos considerarán que cuando devaluó esa práctica de sentarse así, diciendo que es de un grado inferior, estoy siendo radical y contraproducente. Puede que sí, pero insisto en que muchas personas que habrían aspirado a mucho más que eso adquirieron muy poco, porque no las invitaron a pisar de verdad la cancha y jugar en serio. No las condujeron a descubrir las profundas capacidades ocultas en su propia mente. Este libro está diseñado para fungir como esa invitación, para llevarnos más allá de esa tímida imitación degradada de budismo, cada vez más ritualista, que está alzando su peluda cabeza en el Occidente moderno y trata de estrangular a varios grupos de práctica e incluso a grandes centros de meditación.

Para ser justos, es cierto que los adornos espirituales y los añadidos culturales pueden ser, en el mejor de los casos, “medios hábiles”, formas de hacer más accesibles las enseñanzas difíciles y de lograr que más personas practiquen de una manera correcta y que al final eso propicie la gran comprensión. En realidad, un sombrero excéntrico o un buen ritual pueden inspirar a algunos. Así pues, es una fortuna que uno de las “impurezas” fundamentales que se derrumban con el primer despertar sea el apego a los ritos y rituales, es decir, el budismo, las ceremonias, determinadas técnicas y muchos adornos religiosos y culturales en general. Lamentablemente, es difícil evitar por completo la inercia cultural de las religiones del budismo.

No es que uno tenga que hacer esto. No es necesario si los adornos pueden servir como “medios hábiles”, pero yo digo que la mayoría de la gente podría ser más cuidadosa y ver qué es lo que hay fundamentalmente útil en las enseñanzas y qué es lo que causa división, confusión y arrogancia sectaria. Quienes no tienen cuidado con esto lo menos que hacen es demostrar de un modo indirecto que no saben cuáles son las enseñanzas fundamentales y que han alcanzado muy poca sabiduría.